Psicóloga Sanitaria, Sexóloga, Terapeuta de Pareja y Familia

Nombre del autor:laucasgen@gmail.com

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«No puedo decirle que no a mi pareja»

Una persona llegó a mi consulta y lo primero que me dijo fue eso: no puedo decirle que no a mi pareja. Este es un tema que me parece súper importante y que trabajo en terapia. Una mala comunicación tiene una serie de consecuencias, entre ellas el limitar a exponer nuestro punto de vista, poner límites, entre otras. Sin embargo considero que una de las peores consecuencias que puede tener es que podemos dejar de ser nosotros mismos con nuestra pareja y esto es catastrófico. Una pareja saludable implica tener libertad de ser quienes somos, no moldearnos a lo que le gusta o espera la otra persona. Es que en ese caso, ¿le gustas tú? o la idea que tiene de una pareja? O quiere convertirte a ti en lo que espera de una pareja? Cosa que también ocurre con más frecuencia de lo que me gustaría ver a diario. Una vez una paciente me comentó «mi pareja me ha dicho que no tengo que dar mi opinión y menos si es contraria a lo que están diciendo en el grupo» y eso me dejó mucho que pensar la verdad. me preguntó que qué pensaba yo al respecto y por supuesto mi opinión no es la importante aquí. Lo importante es que te hace sentir cuando te dice eso? Al final el limitarnos y no decir lo que pensamos, sentimos, creemos y queremos nos invita a cuestionarnos ,  quiénes somos cuando estamos con nuestra pareja? Y la pregunta es, qué pasaría si digo lo que pienso ? Y a veces puede no hacerse por el miedo justo a esa posible consecuencia. Que se moleste? Que se decepcione? Que no le guste tu opinión? O quizás pienses que eres una persona conflictiva? Otra pregunta… si llegase a ser así, ¿por qué estarías con alguien que piensa eso de ti?   A Veces la tendencia a complacer al otro, hace que las personas adopten posturas que no son necesariamente acorde consigo mismas. Lo cual suele generar un conflicto interno, a costa de no tener un conflicto con la pareja. A veces incluso el propio miedo ya no sólo a que piensen mal de nosotros sino también al miedo a la idea de una posible pérdida. La dificultad de no sentir esa libertad de expresión dentro de una relación nos da más señales de nosotros mismos que lo que creemos y por supuesto de lo funcional y satisfactoria que realmente es la relación y posiblemente esto último sea bastante poco. Pensemos entonces, ¿qué ganas cada vez que te callas? Cada vez que accedes a cosas que realmente no quieres? O incluso, te pregunto, ¿has llegado a cambiar de opinión por complacer a tu pareja? Te invito a que profundices en eso y por supuesto, si consideras que necesitas trabajarlo, estoy aquí para ti. Hablamos?

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No es egoísmo es autoprotección

Nos han enseñado a tener relaciones en donde la prioridad es la otra persona, sus necesidades, sus gustos, sus tiempos y nosotros estamos ahí para cubrir demandas. Es decir, tenemos que «dar sin recibir nada a cambio», como si nuestro papel en cualquier relación es cumplir expectativas de los demás y no tenemos permiso de esperar que sea recíproco. Si el comportamiento es diferente a esto, se ha tildado como egoísmo. La pregunta que yo me hago es: como no va a ser difícil poner límites a los demás? Si nos enseñan a complacer a los otros, el día que esto no sea así, es que ocurre algo, estamos raros? Te pasa algo conmigo? O es que somos egoístas sin más Antes de entrar en esto me gustaría dejar claro el concepto de egoísmo El egoísmo se trata de pensar en uno mismo sin importar las consecuencias hacia el otro. Sin considerar que puede tener una repercusión importante y negativa en el otro y sin que importe lo que piensa y siente la otra persona. Pero cuidado!! La persona que se comporta de forma egoísta no contempla a la otra persona de ninguna manera. No empatiza, le da igual. No se trata solo de priorizarse a sí mismo ( que esto NO está mal) la clave es que la otra persona no importe en lo absoluto. Esto es lo que diferencia de los límites la persona que se comporta de forma egoísta no respeta. Cuando establecemos límites personales, respetamos al otro, no invadimos a la otra persona, te respeto pero también me respeto a mí. Los límites personales implica identificar que quiero o que no quiero y comunicarlo de forma asertiva. Ahora, si la otra persona no los respeta, los límites también implican aceptar o no aceptar determinado comportamiento o incluso determinada relación. Un ejemplo de esto es: si no me gusta que me griten y tu forma de hablar habitual es gritando, yo tengo que comunicarte como quiero ser tratada y como me siento cuando me hablas de esa manera. También especificar que si no soy tratada como realmente quiero tendrá consecuencias y probablemente es que tengamos que dejar de hablar en los momentos en que la persona grite. Y esto por qué? Porque justamente el respeto se trata de eso de aceptar que la otra persona actúa de una forma, y no tengo el derecho de hacerle cambiar. Lo que sí puedo es decidir si yo acepto o no esta conducta y esto también es respetable (y debe serlo tanto hacia nosotros mismos como por parte de los demás) Cuando hablamos de conductas que nos protegen y nos cuidan, a veces no coinciden con lo que queremos. La cuestión aquí es preguntarnos si esto que hago, esto que permito más allá de si es lo que quiero, es si me protege. ¿Me estoy cuidando permitiendo esto? Te pongo otro ejemplo: si quiero ir a la playa con un grupo de amigas, pero hacer ese plan, es tener conversaciones donde se habla constantemente de cosas que me aburren, implica hacer al final lo que ellas quieren, si siento que tengo que amoldarme al plan que ellas esperan tener y llego a casa agotada emocionalmente, me estoy cuidando haciendo este plan con ellas? Pues eso, que es lo que me gustaría, claro a quién no le gusta quedar con amigas e ir a la playa. La cuestión va más allá. Me compensa? Responder a esta pregunta no es fácil, para nada. Pero si nos hace ver en lo que recibo y cuánto me cuesta recibirlo. ¿Qué tengo que hacer, permitir y aguantar para sentirme de determinada manera? Se trata de poder ubicarnos en nuestra propia escala de valores. Si sientes que esto te ha ocurrido, si te has sentido egoísta en algún momento porque has dicho o pedido lo que querías o porque te has priorizado y esto al final te ha hecho sentir mal, lo podemos hablar!! Contáctame y agendamos una cita!

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Mamá, ¿qué modelo quieres para tus hijos?

Se ha romantizado mucho la maternidad convirtiéndola en una cárcel en la que somos servimos para, donde no se nos permite salirnos ni un poco del rol, como si dejáramos ser ser quienes somos, como si dejáramos de ser personas. No nos podemos quejar, se supone que tenemos que estar felices porque es lo más maravilloso de la vida, porque ser madre es un privilegio y hemos pasado de ser Fulanita a ser la madre de XX ¿te has parado a pensar cuánto afecta esto a la propia autoestima e incluso a la identidad? Si pedimos ayuda somos malas, no somos capaces o nos lo tuvimos que pensar antes?   Y la realidad no es así ni tendría por qué serlo. Somos madres si, pero también seres individuales, trabajadoras, parejas, amigas y familiares de otros. A que no te sentirías bien si solo cuidaras de un familiar o solo trabajaras sin descanso? Yo también creo que no. Y justo esto es lo que trabajo con las madres que acuden a mi consulta, los permisos que nos damos. ¿Te has planteado qué modelo quieres enseñarles a tus hijos? Es fácil. Si quieres ver a tus hijos ser felices, te tendrán que ver feliz a ti y eso se logra a través de los espacios para descansar, desconectar, recrearnos, sentirnos a gusto con nosotras mismas, cuando tenemos metas e ilusiones, cuando tenemos energía y no al revés, si te ven triste molesta o agobiada no esperes que ellos no se muestren igual. ¿Quieres que tus hijos aprendan a relacionarse con los demás? Te tendrán que ver hacerlo y que les permitas que otros estén con ellos. Pedir «ayuda» a los abuelos o tíos o incluso al padre no es una ayuda real, es que ellos también cumplen un rol en la vida de tus hijos, vamos a permitir que estén y que sean parte de ello. No pedir ayuda no es sinónimo de que podemos con todo, es contraproducente para todas las partes implicadas. «No quiero molestarles» «no quiero que mis hijos sean una carga para ellos» este tipo de comentarios que escucho habitualmente en consulta habla más de ti que de ellos, vamos a revisar de dónde viene ese pensamiento. Será que tú sientes que molestas? Incluso muchas veces el permiso no está en el otro, todo lo contrario, muchas veces los demás están más dispuestos en cumplir su papel de lo que creemos, quizás es que como madres no nos lo damos nosotras. Tus hijos te necesitan SI y mucho, justo por eso, necesitan que estés bien! Necesitan que le ofrezcas tiempo de calidad, no que estés en una prisión, necesitan que tengas energía, así que descansa, necesitan verte disfrutar de la vida, cuánto la disfrutas y de qué manera? Necesitan verte comer, verte autónoma, segura y realizada, sólo así podremos ofrecerles lo que tanto requieren y fundar una relación saludable con ellos. Recuperarte a ti misma, eso es lo que necesitan! Para ellos busquemos un equilibrio entre las áreas de tu vida. Todas son importantes! Tú eres lo más importante para ellos!

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¿CÓMO PUEDO DEJAR DE IDEALIZAR?

– GUÍA DESCARGABLE – ¿Qué es Idealizar? dealizar es el proceso por el cual sobrevaloramos los aspectos positivos de personas o situaciones con quienes hemos compartido momentos, a su vez, disminuimos los aspectos negativos. La idealización se hace a partir de un recuerdo. Nuestra memoria trae a la conciencia únicamente aspectos positivos que mientras pensamos en ellos, nuestra mente los magnifica de tal forma que podemos incluso pensar que no «recordamos» las cosas malas o sencillamente creer que nunca las hubo. Este juego que hace la mente puede llegar a tomar como verdaderas nuestras fantasías, creer que fue de una manera o nos trataron de una manera incluso opuesta a lo que fue y esto se debe a esa transformación que hacemos para acercar a la persona o la situación a nuestro ideal. Cuando idealizamos perdemos objetividad, por tanto la valoración de lo que ocurre no es realista. Creemos que ha sido «Perfecto» porque no le encontramos la parte negativa, sin embargo, esto no significa que no la haya tenido. Esto suele ocurrir con mayor frecuencia cuando sufrimos una ruptura amorosa, una separación o una pérdida física. Las consecuencias que genera idealizar son múltiples, pero se pueden destacar las siguientes: Crear y mantener la dependencia emocional. Vivir en el pasado. Incapacidad de disfrutar del presente. Reforzar sentimientos de tristeza, vergüenza, impotencia, culpa, etc. Descuidar otras relaciones. Aumentar la exigencia hacia los demás. Incapacidad de valorar lo que tenemos hoy. Idearnos motivos para autocastigarnos. Ej: «A una persona así no volveré encontrar, nadie me va a querer como él/ella». Disminuir nuestra autoestima y autoconcepto. Inestabilidad emocional Creencias irracionales, sobre todo creer que no merecemos amor. Incapacidad de ver un futuro nítido Depresión y ansiedad Pensamientos obsesivos y recurrentes Distorsión de la realidad. ¿Te gustaría empezar a trabajar en ello? ¡Contacta conmigo y hablemos de ello!   ¡DESCARGA MI GUÍA!

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¿Por qué Idealizamos?

Idealizar situaciones o personas es algo que ocurre muy a menudo, sobre todo cuando hemos sufrido una separación o distanciamiento con la persona. Idealizar es el proceso por el cual generamos una imagen de la situación o persona más cerca de nuestro propio ideal (como nos gustaría que fuese) distorsionando en muchas ocasiones lo que realmente era. En este proceso se tiende a magnificar los aspectos positivos como las características y cualidades, por ejemplo: Si nos referimos a una persona podemos tender a imaginárnosla como quien nos ha tratado mejor, con quien disfrutábamos siempre, quien nos comprendía en totalidad, con quien podíamos ser cien por cien naturales, la persona más guapa del mundo, etc. Si nos referimos a una situación podríamos pensar que fue un momento totalmente perfecto, que no hubo nada negativo, que fue lo que siempre soñamos o incluso que fue el mejor momento de nuestras vidas. Esta idealización nos hace creer que no hubo elementos negativos en la relación o situación ya que sobrevaloramos los positivos, restándole así importancia a todo lo demás. Con lo cual, si bien nuestra visión de las experiencias evidentemente es subjetiva, cuando idealizamos no solo se vuelve subjetiva sino irreal. La idealización sucede mayormente cuando ha pasado tiempo medianamente prolongado de una ruptura o separación, en el que ha pasado el tiempo suficiente para sanar heridas e incluso, si hemos retomado la comunicación con la persona, incluso puede provocar que olvidemos por completo cosas negativas que nos haya hecho, discusiones, desencuentros y sufrimiento en general. Este proceso suele ocurrir también en situaciones de pérdida y duelo. Donde se tiende a venerar y crear una imagen que en ocasiones puede distar mucho de la real o incluso ser opuesta. Esta idealización en situaciones de pérdida nos puede ayudar a mitigar sentimientos como la culpa o la vergüenza que en ocasiones se puede generar por la falta de tristeza que socialmente se espera que tengamos tras una muerte Idealizando a esa persona, buscamos también darnos motivos por los cuales lamentar su partida y así sentirnos que respondemos emocionalmente acorde a lo que se espera o se cree que se debe estar. Si esto te suena, te ha pasado o te suele ocurrir. He creado una guía donde podemos empezar a trabajar en ello ¡DESCÁRGALA!   ¿Te gustaría hablar de ello? ¡CONTÁCTAME! People illustrations by Storyset People illustrations by Storyset People illustrations by Storyset People illustrations by Storyset

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¿Cómo nos enfrentamos a las situaciones?

Cuando nos encontramos en dificultades o frente a situaciones de diversa índole, hacemos una valoración de ésta donde definimos el nivel de dificultad de la situación o cuanto nos costará hacerle frente y superarla utilizando diversos métodos o herramientas: las estrategias de afrontamiento. Esta valoración parte de la base de si sabremos como responder a ese evento. Esto a su vez genera una serie de consecuencias, para empezar, nos hace valorar si seremos nosotros capaces de encontrar o generar las salidas más adecuadas y eficientes a la situación, si dicho evento será superior a nuestras capacidades, si conseguiremos alternativas suficientes o, por el contrario, nos hará sentir que realmente estamos preparados para ello y con la certeza de que sabremos resolverlo, etc., es decir, genera emociones y sentimientos en nosotros mismos. Por tanto, estas estrategias son «Aquellos procesos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/ o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo» (Lazarus y Folkman, 1986). Las estrategias de afrontamiento son justo eso, las herramientas o mecanismos que utilizamos para responder ante lo estímulos o experiencias que en ocasiones pueden ser problemáticas o sencillamente aversivas (que nos producen daño). En concreto, las estrategias de afrontamiento son las acciones que llevamos a cabo para hacerle frente a dichas situaciones como lo es la gestión del estrés, la manera en la que percibimos lo que ocurre, la forma en la que recibimos y entendemos la información derivada y la manera en la que accionamos como respuesta. Un ejemplo de ello sería cuando nos encontramos en temporada de exámenes, en estos casos como en muchos otros, activamos ciertos recursos que tenemos, que hemos venido aprendiendo de otras experiencia y que sabemos que nos funcionan, entre ellas destacaríamos: la organización de las horas que dedicaremos al estudio de cada asignatura, el ritmo que llevaremos, la realización de resúmenes y mapas conceptuales, uso de colores para diferenciar conceptos, dormir las horas necesarias, evitar distractores durante las horas de estudio, buscar alguna actividad recreativa y de ocio que me permita desconectar después de la jornada, etc. Todas estas acciones son estrategias que utilizamos para prepararnos ante un examen, evidentemente, hay muchas otras y que a cada uno le servirán distintas. A medida que tenemos más herramientas, nos sentiremos más tranquilos y confiados en nosotros mismos y en nuestras capacidades. Hay otras situaciones que pueden ser nuevas para nosotros y por tanto no sepamos como actuar, un ejemplo de ello sería, tener un imprevisto con el coche. Aunque nos refiramos a percances nimios que podamos tener con el coche, una rozadura con otro, tener que cambiar una rueda o sencillamente no fijarte bien mientras retrocedes y chocar a otro coche, las consecuencias de esto puede generar mucho estrés si es la primera vez que te enfrentas a ello, por tanto, hay cosas básicas que debemos hacer antes de conducir, haber tomado las clases suficientes para sentirte seguro (evidentemente haber sacado el carnet de circulación), conocer el coche que vas a conducir y su estado, conocer cosas básicas como es el uso de las herramientas y cambios de ruedas, saber a quien debes llamar en caso de accidentes, tener a la mano la información referente al seguro y partes, etc. todas estas cosas que parecen básicas, pueden no serlo hasta que nos enfrentamos a dichas situaciones. Como verás y seguramente te ha ocurrido, las situaciones a las que nos enfrentamos día a día nos hacen desarrollar habilidades y estrategias que nos permitirán generalizarlas o extrapolarlas a todas aquellas que puedan ser resueltas de la misma manera. Por tanto, es muy importante que aprendas de ellas y que observes bien si frente a una situación puedes responder como a otras que has respondido previamente. No todas las estrategias de afrontamiento le sirven a todos por igual, es decir, cada persona tiene y construye sus propias herramientas y mecanismos, sin embargo, hay algunas que suelen funcionar y son más fáciles de generalizar en las distintas situaciones como, por ejemplo: 1. Control de los impulsos: No reaccionar a lo que acontece de manera imprudente o sencillamente sin evaluarlo antes. Accionemos a partir de un razonamiento de la situación. 2. Hacer una valoración lo más objetiva posible: detenernos a replantearnos la situación y responder a los pros y contras. 3. Gestión emocional y técnicas de respiración: aunque son las emociones las que nos indican en un primer momento la valoración que hacemos de la situación, nos advierten del peligro y demás señales, dejarse llevar por las emociones en situaciones críticas, puede que a veces no sea la mejor solución, por el contrario, puede favorecer a actuar de manera impulsiva. Es importante focalizarse momentáneamente en la búsqueda de soluciones. 4. Evaluar el nivel de control de la situación: es importante reconocer hasta que punto podemos actuar y si está en nuestra mano la resolución de dicha vicisitud. 5. Búsqueda de soluciones: empezar con una lluvia de ideas que puedan ayudar a encontrar la solución más acorde, es una estrategia de afrontamiento muy útil. Hay muchas más estrategias generales y concretas que puedes aprender para estar sentirte más preparado/a ante las situaciones y que te ayudarán a resolverlas. ¿Quieres empezar a trabajar y desarrollar estrategias de afrontamiento? ¡Te invito a descargar mi guía con ejercicios prácticos para que empecemos juntos!   Illustrations  Work illustrations by Storyset Work illustrations by Storyset Work illustrations by Storyset People illustrations by Storyset

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¿Qué son estos cambios de humor?

Seguramente te ha pasado que estas en un momento de felicidad y te entristeces o empiezas a llorar sin aparente motivo; que sencillamente te encuentras bien de ánimos y por cualquier razón, nos empezamos a sentir decaídos, como si se tratara de una nube negra que se posa encima de nuestra cabeza. Todos tenemos cambios en el humor y en nuestro estado de ánimo, solo que unos cambios son más frecuentes o de mayor intensidad que otros, esto no significa ni que estemos enfermos ni que seamos bipolares. Hago la mención sobre la bipolaridad, porque se cree que la bipolaridad limita a una persona a estar en un polo de máxima alegría o por el contrario en el polo de máxima tristeza, con lo cual los cambios son todavía más bruscos, esto claramente no resume lo que es la bipolaridad, adicionalmente consideremos que la Bipolaridad es un trastorno afectivo y que debe ser diagnosticado y tratado por profesionales de la salud mental. Aunque a veces tengamos cambios de humor más pronunciados y frecuentes que en otros momentos, no significa que tengamos trastorno bipolar, significa que podemos estar muy cargados emocionalmente, nuestro cuerpo y nuestras emociones nos indican de esta manera que tenemos muchos frentes y que necesitamos focalizarnos en cada uno para resolverlo. Estos cambios de estados anímicos en psicología se conocen como labilidad afectiva, y el motivo de estos cambios pueden ser muy diversos, como el recordar una situación negativa o conflicto o incluso recordar un evento muy significativo. Las mujeres solemos presentar más cambios emocionales de este estilo y entre las cosas que repercuten en estos cambios se involucran la segregación hormonal, es por eso por lo que cercano a nuestro período menstrual podemos observar mayores cambios anímicos, nos podemos encontrar más vulnerables o sensibles o incluso irascibles. Adicionalmente, también la personalidad es algo que juega un papel importante dado que las personas podemos ser más o menos emocionales. Las vivencias las podemos valorar y otorgarle un significado unido a una visión más racional del asunto o, por el contrario, más emotivo. Con lo cual, si somos personas que otorgamos mayor valor, emocional y afectivo a nuestras experiencias, es probable que tengamos mayor labilidad afectiva. Recordemos que el ser humano es cambiante y dinámico, al igual que el ambiente en el que vivimos. Son muy pocas las cosas estáticas que pueden existir, esto significa que estamos continuamente recibiendo información que transformamos y que nos transforma, modificando nuestro comportamiento, que nos hace adaptarnos a nuestro entorno y genera aprendizaje, por tanto, cuando hablamos de estabilidad emocional, podemos creer que nos referimos a que nuestra emoción se vuelva lineal, cosa que es prácticamente imposible. Cuando hablamos de Estabilidad emocional, no nos referimos a que no tendremos altos y bajos en nuestra vida, ni tampoco que no tendremos variaciones emocionales y mucho menos que no le otorgaremos carga afectiva a nuestras vivencias. La estabilidad emocional, consiste en mantener unos rangos adecuados y funcionales en el que fluctuaran nuestras emociones, esas curvas de altos y bajos de manera controlada, y que no se vuelvan en picos pronunciados que nos generen malestar. Por tanto, la estabilidad emocional consiste en trabajar que emociones nos hacen desbordarnos o que podemos sentir que nos supera. Se trata de mantener alineadas los rieles de nuestro tren. Así que, si hoy estas bien y en un rato te encuentras bajos de ánimo o notas que algo en ti esta cambiando, escríbeme, hablemos de ello y encontremos juntos la solución.   IlustrationsPeople illustrations by Storyset Data illustrations by Storyset

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Buscando la “perfección”…

Solemos entender que perfecto es algo que esta hecho correctamente, que es adecuado para un determinado fin y que “No tiene mayor mejora” ya que cumple con los requerimientos estipulados. Este concepto como muchos otros, parte de una valoración que es en mayor medida social, es decir, suele requerirse un acuerdo para considerar algo perfecto, debe de cumplir ciertos parámetros, veamos algunos ejemplos: Cuando se evalúa el comportamiento de un niño en clase, se consideran ciertos aspectos como, por ejemplo: prestar atención, ser colaborador, respetuoso, intervenir de manera adecuada, realizar todas las actividades estipuladas y mantener el orden y limpieza del aula. Cuando un niño cumple con todos estos puntos, obtiene una evaluación perfecta, es decir, la máxima puntuación, haciendo referencia a que por encima de eso, no hay mas. Lo mismo sucede cuando los padres advierten a sus hijos de las posibles consecuencias que obtendrán dependiendo de su comportamiento, si se portan excelente podrán salir a jugar al parque, de lo contrario, se quedarán sin salir. Puede que, aunque varíen en parte los parámetros a considerar, siempre hay unos requisitos que cumplir para obtener esa perfección. Pasa lo mismo con las rúbricas específicas para elaborar y corregir trabajos universitarios y en el área laboral, el cumplir con una serie de aspectos y mejorarlos. En estos casos la valoración del nivel de perfección viene de otra persona. En general, parece una exigencia social el ser perfectos, tener cuerpos esbeltos, la nariz perfecta, el carácter perfecto, la casa perfecta, síntesis curriculares perfectas, modo de vestir perfecto y un sinfín de aspectos y requisitos que, a su vez, es poco realista pensar en la posibilidad de obtenerlas todas y sobre todo, valorarlas como tal. Cuando la valoración la hacemos nosotros, podemos observar que no es estable en el tiempo, es decir, podemos valorar algo como perfecto en el momento y al recordar ese instante, incorporar en el pensamiento cambios que haríamos para que realmente hubiese sido perfecto, o al menos volverlo valorar de la misma manera. Un ejemplo de ello ocurre habitualmente en la fase de enamoramiento en las relaciones de pareja, cuando estamos en esas primeras fases del romance, cada momento nos parece perfecto, sin embargo, cuando hacemos memoria, fases posteriores o incluso cuando se ha terminado la relación, a ese mismo momento que habíamos considerado perfecto, le encontramos detalles negativos y lo dejamos de valorar de esa manera. Lo mismo ocurre cuando un momento al recordarlo, lo valoramos mejor de lo que pudo haber sido en realidad, esto se da por un proceso que se llama Idealización el cual lo hablaremos en otro artículo. El concepto de “perfección” me ha llamado mucho la atención porque no dejemos de ser seres imperfectos buscando la perfección, parece que buscamos algo que esta muy fuera de nuestros límites personales y que es algo incluso muy difícil de alcanzar, por la misma razón de que no somos perfectos. Esto de creer que necesitamos alcanzar esa “perfección” nos puede llegar a generar niveles muy elevados de frustración y te cuento por qué: 1. Lo que tu consideras que es perfecto, puede que no lo sea para alguien más, con lo cual, es probable que no recibamos esa aprobación que buscamos o sencillamente no sea recibido de la misma manera al compartirlo. 2. Todo es mejorable, con lo cual nunca llegaría a ser “Perfecto” (considerando la perfección como un límite, lo cual no puede ser mejor, ya es perfecto). 3. Somos imperfectos, con lo cual, eso perfecto no lo podríamos buscar en nosotros porque no lo conseguiríamos, eso hace que lo busquemos fuera y, por tanto, no dejemos nunca de buscar… 4. Creemos y esperamos que el otro sea perfecto (nuestra pareja, amigos, familiares, compañeros de trabajos, jefes, etc.) al igual que esperamos que las situaciones sean perfectas (condiciones laborales perfectas, matrimoniales perfectas, el viaje perfecto, etc.) cosa que no va a suceder, ellos tampoco serán perfectos y que las situaciones sean perfectas también es muy difícil (si esperamos que sea algo más que un momento). Entonces se podría decir que la perfección es momentánea y situacional, es algo corto en el tiempo, serían aspectos relacionados con el camino más que con el destino en sí, como la felicidad: la felicidad no es un lugar a donde se llega, (no hay un lugar que nos garantice la felicidad plena por el resto de nuestras vidas), es una actitud, es la valoración de momentos que vivimos como felices, y es una manera de ver la vida… Conseguir bajo esta perspectiva la perfección, hemos visto que tiene un nivel de dificultad sumamente elevado… lo que no significa que no haya una perfección ni que las cosas y vivencias no se experimenten, se perciban o se valoren como perfectas. En este caso podemos revisar la manera en cómo vemos la perfección, si ponemos un listón muy alto o, por el contrario, somos más flexibles en este sentido. Las personas que son perfeccionistas (que buscan hacerlo todo perfecto), suelen tener un listón muy alto para alcanzarlo, por esta razón, son personas que suelen sufrir más la frustración, suelen haber pocas cosas que consideren como perfectas. Por otro lado, hay personas que encuentran la perfección en las cosas más simples, y su valoración no se ubica en polos (perfección-imperfección), sino más bien entre ellos, donde la perfección es justo el equilibrio, sabiendo que las cosas pueden ser mejorables y a la vez, son perfectas. Una visión donde hacer de lo imperfecto algo perfecto, nos permite darle un valor real, todo tiene componentes positivos y negativos, es inevitable, aun así, pueden ser perfectas. Adicionalmente nos ofrece no solo mayor control, sino la posibilidad de adecuarlo a nuestra propia valoración de sí mismo, nos permite observarlo y contemplarlo como alcanzable y, por tanto, nos motiva a conseguirlo. La transformación está en nuestras manos, en nuestra percepción y valoración. Por tanto, entendemos que este concepto en ocasiones puede volverse uno de los motivos de nuestro malestar o incluso base de ellos. Implica no

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¿Cómo pensamos y cómo vivimos?

Hay quienes piensan que la vida está determinada por alguien o algo, que está escrito en el destino, y que es mediada por elementos externos como la energía de quienes nos rodean… Esta creencia nos limita a ser simples observadores de nuestra propia vida, o ser simple espectadores que recibirán de alguna manera “esas consecuencias” que ha querido “ese destino” y que ya estaba escrito en nuestro ser… Sin intensiones de inmiscuirme en creencias religiosas y otras; esto se trata en la forma en la que vemos la vida y las consecuencias de nuestros actos. El pensar que nuestra vida depende de “otro” (ese otro que no soy yo, llamémosle destino, energía, universo, etc.) nos hace ponernos en una posición indefensa, en la que hagamos lo que hagamos no cambiará eso que nos viene porque “ya está escrito”. Por un lado, esa creencia puede funcionar como una resistencia para afrontar nuestros errores o incluso situaciones difíciles. Por otro lado, nos enseña que da igual el esfuerzo que hagamos, no lo conseguiremos, con lo cual, no hará esforzarnos para conseguir lo que queremos. Te pondré algunos ejemplos: 1. Cuando algo nos sale bien y se lo atribuimos a la suerte que hemos tenido… No Valoramos el esfuerzo que hemos hecho para conseguirlo. 2. “No me aceptaron en el trabajo, No era para mi…” ¿No era para ti o Pudiste esforzarte más para conseguirlo? 3. “Una oportunidad como esa no me la volverá a dar la vida” Claro que puedes volver a tener la oportunidad, solo que tienes que crearla. 4. “No se me ha dado eso que quería por las malas energías de quienes me rodean” Muchas frases como estas pueden invadir nuestro pensamiento, lo que hace que no observemos objetivamente lo que hacemos. De hecho, en psicología el acto de atribuir las razones por las cuales nos suceden las cosas a elementos externo se llama “Locus de Control Externo”, el cual indica que el control de las situaciones, eventos y sus consecuencias no están dentro de la persona, sino que están mediados por otros factores externos al sujeto. El locus de control externo, el pensar que lo que sucede no está dentro de mi control, refuerza el acto de no esforzarnos y de no valorarnos, como te comentaba, pero es que adicionalmente, nos mantiene con un nivel de incertidumbre muy elevado, nos baja la autoestima y por supuesto nuestro autoconcepto. Debemos de saber que somos seres activos, esto significa que accionamos y estos actos tienen consecuencias, positivas y negativas pero que surgen de nuestro comportamiento y de las decisiones que hemos tomado. Tomar las riendas de nuestra vida, en distintos momentos vitales puede verse como completo desafío, sin embargo, es necesario trabajar en ello, porque nos permitirá no solo tener el control sino evitara convertirnos en personas manipulables, dependientes e influenciables. Por tanto, lo que nos ocurre, sucede por decisiones que hemos venido tomando, aunque los resultados se observen o los vivamos a largo plazo. El camino que hemos seguido, hemos decidido escogerlo y no otro. Así que, asumamos para bien o para mal lo que nos ocurre, aprendamos de ello y continuemos adelante. Podemos errar, es normal. Podemos premiarnos, es necesario. ¡Recuerda que nadie más que tú tiene el control de tu vida! ¡Que la vida no siga pasando por ti, vivamos con todo lo que eso implica!

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Esa tal «Generación de cristal»

Este término se ha venido usando para referirse a las personas de la última generación, con la intención de demarcar cómo responden a las situaciones, la afectación que tienen los acontecimientos sobre ellos y en general como viven. Me han comentado mucho en consulta cosas como las siguientes “estos niños de ahora no aguantan nada” o “se aburren con mucha facilidad” “todo les afecta y hacen un drama”. En todas las generaciones hay un cambio, es decir, nos observamos y comparando con nuestros padres y podemos pensar en “mi madre a mi edad había hecho…” o por el contrario “mis padres a mi edad aun no habían logrado…” estas diferencias que se pueden observar más a nivel individual (considerando la familia como unidad) pasa también a nivel generacional, es decir, puede haber una similitud a nivel colectivo. Hay muchas cosas que lo producen porque son muchas las cosas que han cambiado de una generación a otra. En la época de nuestros padres, la vida se vivía de manera distinta al igual que las prioridades también podían ser otras, el nivel educativo también difería al igual que otra cantidad de elementos. Entre el cambio generacional que se observa con mayor frecuencia en esta “generación de cristal” es la libertad de expresión, cosa que evidentemente no está mal, pueden que en otras generaciones no haya sido tan fácil alzar la voz para decir lo que pensamos y por supuesto, darlo a respetar. Esta generación ha conseguido hacerlo, en este sentido, no se trata de que no aguantan nada, es que dicen lo que piensan. Por otro lado, es una generación que se caracteriza por permitirse sentir plenamente, no significa que todos los demás que no nos encontremos en esta generación no sintamos, pero puede que no se nos haya permitido del todo sentir y entender nuestras emociones por el propio pensamiento de que “quienes lloran son débiles” o que “siempre hay que decir que estamos bien”, es probable que lo que hayamos tenido son límites para conectar con nuestras emociones. Evidentemente son características que a nivel general se han podido denotar, pero que no significa que a nivel particular absolutamente todos hayamos pasado las mismas situaciones. La prioridad que pueden tener la nueva generación está más dirigida a vivir, a experimentar, a conocer y a disfrutar, es probable que generaciones más antiguas hayan tenido como prioridades más dirigidas hacia los demás, hacer una familia e igualmente con miras hacia el futuro. No significa que esta generación no piense en futuro, significa que saben que para llegar al futuro tenemos que vivir el HOY. Adicionalmente, el ritmo de vida cada vez es más rápido, nosotros nacimos en un momento social que era más rápido que el de nuestros padres y, por tanto, mucho más rápido que el de nuestros abuelos. La evolución social genera cambios generacionales. Es por eso por lo que lo que para nosotros puede ser una sobreestimulación, para esta generación puede que sea una estimulación normal, es por eso por lo que, da la sensación de que no se pueden aburrir o que vean que aburrirse esté mal y no lo soporten, ellos también tratan de responder hacia las demandas del ambiente. Hay otro factor muy importante que me gustaría destacar y es la resiliencia. Me comentaban hace unos días que hoy en día no se ven tantas profesiones referidas a oficios, cada vez hay menos carpinteros, albañiles, etc. oficios que sin duda son esenciales, y que ahora todos quieren tener una carrera y otro tipo de profesiones… este es un ejemplo de cambio generacional, es probable que nuestros abuelos, no hayan tenido la posibilidad de acceder a estudios profesionales, es por ello por lo que en estas épocas había más formaciones referidas a oficios. Nuestros padres priorizaron la educación como medio para surgir y encontrar mejores empleos… Con esto quiero decir que es probable que teniendo trabajos e ingresos más estables y que nos permitan vivir mejor, le demos todo lo que nos pidan nuestros hijos, hasta el punto de que desconozcan que significa un NO por respuesta, cosa que puede que a nosotros nos hayan dicho más de una vez. Este “tenerlo todo” no permite el desarrollo de la resiliencia, más bien, genera la creencia de que “nos lo merecemos todo” y que “lo que quiero, me lo deben dar” en vez de “lo que quiero me lo tengo que ganar, así que me debo esforzar por conseguirlo” Quiero acotar, que por tanto, estos mismos pensamientos sobre ellos, sobre como son, como actúan y como viven, nos debe dirigir a preguntarnos sobre lo que le enseñamos, le inculcamos, le ofrecemos, le permitimos y que esperamos de ellos.