Psicóloga Sanitaria, Sexóloga, Terapeuta de Pareja y Familia

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¿Eres una Persona altamente sensible?

Todas las personas somos diferentes, algunas personas le gustan unas cosas, a otros otra, prefieren y piensan de manera diferente a los demás y esto también ocurre en la manera en cómo percibimos y sentimos la información y por consiguiente, en cómo nos afectan las situaciones. Esta diferencia en como sentimos lo que nos ocurre y como nos afecta, genera muchísimo malestar en la persona, además, puede que ser difícil detectar dicha intensidad y empatizar con ellas. Es posible que si sientes que las cosas te afectan de manera distinta que a las demás personas de tu alrededor o que sientes los acontecimientos de manera muy intensa, te sientas identificado o identificada con este artículo. Esta alta sensibilidad en algunas personas se ha estudiado desde relativamente poco tiempo, es decir, se ha descubierto que es un rasgo de personalidad el cual no se estaba logrando estudiar a profundidad ni dándole la importancia real que tiene, como cualquier otro rasgo. Ser una persona altamente sensible, repercute negativamente en estas personas diariamente, empezando por el hecho de verse tildadas como exageradas y que lo que buscan es “llamar la atención”, cosa que evidentemente no es así. Además, son personas que por la misma razón tienen una alta sensibilidad, son más propensas que otras a presentar sintomatología correspondiente con trastornos afectivos, en síntesis, pueden tener una predisposición a tener ansiedad o depresión. Las personas altamente sensibles, suelen ver la vida con colores muy intensos (metafóricamente hablando), y el desconocimiento sobre el PAS, hace que tampoco se entiendan ellas mismas, con lo cual, la gestión de su propia emocionalidad se ve comprometida. Ya no solo se trata de las opiniones que recibe de los demás, sino su propia opinión acerca las cosas que le ocurre, su autopercepción y, por ende, su autoestima y autoconcepto. Esta alta sensibilidad, tiene que ver con el desarrollo muy elevado del sistema neurosensorial de estas personas, es decir, la información que reciben a través de sus sentidos difiere en cantidad comparándolas con las personas que no tienen PAS, lo que genera una alta afectación en la persona por la propia saturación en la información entrante, es por esta razón que personas altamente sensibles suelen presentar mayores niveles de estrés y dificultades de afrontamiento. ¿Cómo saber si soy una Persona Altamente Sensible? 1. Necesitas más tiempo para comprender las cosas que ocurren a tu alrededor. 2. Vives emociones muy muy intensas 3. Te sientes saturado/a o sobreestimulado/a con frecuencia. 4. Lo que ocurre a tu alrededor te afecta, aunque se traten de pequeños detalles. 5. Consideras que eres una persona muy perfeccionista 6. Sientes con frecuencias que te agobias 7. Evitas mayormente los conflictos 8. Sientes la necesidad de agradar a todos 9. Sueles asustarte con mucha facilidad. 10. Sueles tener una gran capacidad empática. Se ha visto que las personas altamente sensibles tienen un componente hereditario, y que en estos últimos años se ha observado el aumento en personas que acuden a consulta con estas características e incluso mayor presencia de este rasgo en población joven. Aunque este rasgo de personalidad puede presentarse en hombres y mujeres por igual y que al tener un componente genético puede manifestarse también desde edades tempranas, hay que conocer que algunas de estas características pueden tender a confundirse con sintomatologías correspondientes a patologías. Es por eso por lo que debemos de tener mucho cuidado a la hora no solo de valorar como nos sentimos sino también en solicitar la ayuda adecuada.

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¿Para ser felices debemos desapegarnos?

Me han comentado muchas veces en consulta las siguientes frases “igual el problema que tengo es que me debo desapegar…” “para ser feliz no puedo apegarme…” “Sería más feliz si lograr no apegarme a nadie” y un sinfín de frases de este estilo, a lo cual suelo responder: ¿Crees que podemos vivir sin apego? Para empezar, es muy complicado, incluso podemos decir que imposible vivir sin apego, por el simple hecho de que somo seres sociales, vivimos y generamos vínculos emocionales con las demás personas, mascotas e incluso cosas que se vuelven significativas para nosotros. De hecho, es posible recordar algún lugar donde nos sintamos seguros, en el que hayamos tenido nuestros mejores momentos u objetos que para nosotros son significativos, etc. con todas estas cosas hemos generado un vínculo afectivo a lo largo de nuestra vida. El apego es ese vínculo afectivo que creamos con nuestras personas cercanas y a quienes le otorgamos un gran valor. El apego lo creamos inicialmente con nuestros padres desde la infancia. El pensar que el apego como tal es la fuente del problema, es algo que se debe revisar, el problema no se reduce la importancia o el valor afectivo que otorgues a las personas, el problema más bien, puede estar derivado del tipo de apego que has desarrollado desde la infancia con tus figuras paternas. Igual esto último puede ser difícil de entender, pero te lo explicaré… El apego lo desarrollamos en la infancia con nuestros cuidadores y/o padres a través de la crianza. Hay varios tipos de apego, de hecho, Bowlby (autor de la teoría del apego) definió 4 tipos: Existe el apego seguro, el cual se crea a partir de un núcleo familiar presente, que ha atendido a nuestras necesidades, que nos ofrece una zona segura, es decir, la figura paternal y maternal han estado ahí para nosotros y gracias a eso percibimos que estarán ahí incondicionalmente. En la edad adulta esto se refleja en personas con buenas relaciones sociales, con pensamiento flexible, con una autoestima adecuada y seguros de sí mismos. Existe el apego ansioso o ambivalente, que se crea cuando no hay una figura constante para nosotros o es intermitente, nos genera incertidumbre y desconfianza. Una persona con este tipo de apego es una persona que busca la aprobación constante, por ejemplo, o que suele ser muy miedoso a la hora de separarse de su figura de apego, de tomar las riendas y escoger. De hecho, es muy posible que estas personas hayan sufrido abusos y violencia durante su niñez. Por otro lado, esta el apego evitativo, surge cuando los cuidadores no logran ofrecer una zona de confianza y seguridad al niño. Suelen crecer con miedo incluso a los propios cuidadores. Esto repercute en la vida adulta y se muestran como personas inseguras, con baja autoestima, y con problemas para relacionarse con los demás. Y, por último, hablamos del apego desorganizado, que es una mezcla entre los dos últimos. Los niños suelen presentar conductas impulsivas y gestionar de manera inadecuada sus emociones. Como has podido ver, el tipo de apego que desarrollamos con nuestras figuras paternas y cuidadores es fundamental para lograr desarrollar relaciones sanas con los demás. Este tipo de apego será la base de todos los demás y es entendible, por el hecho de que es lo que conoces, y detectar que el problema está ahí es realmente muy difícil. Los humanos seguimos un patrón conductual, es decir, es probable que, si hayas tenido problemas al relacionarte con una persona, puede que algo parecido te haya pasado previamente con otra, o que en un futuro te pase algo similar, es por eso que atajar este tipo de cosas a tiempo es necesario para poder modificarlas. La creencia de que el problema es el apego no nos ayuda a resolverlo, por el contrario, nos incita a generar más desconfianza en los demás, a relacionarnos de manera evitativa, a sentirnos mal si creemos que nos estamos apegando, a crear relaciones superficiales y al final, sentirnos solos. El apego, como comentaba antes, no solo se reduce a las relaciones personales o de pareja, hemos visto que empieza en la familia, pero que lo podemos llevar también a otros contextos, entre ellos el de amistad y el laboral. Cuando partimos de un apego ansioso o desorganizado, nos podemos desenvolver o relacionar de manera inadecuada con los demás, incluso en grados más intensos, crear una dependencia emocional, y es ahí cuando más se evidencian los problemas. Claramente la solución no es desapegarse, es poder gestionar adecuadamente nuestras relaciones, partiendo de identificar cómo nos estamos relacionando con los demás y también con las cosas. ¿Cómo podemos manejar de manera adecuada la manera en la que nos relacionamos con los demás o el apego que establecemos con el otro? Debemos empezar por identificar cómo es el tipo de relación que establecemos, si creemos que solemos apegarnos a las personas, a las cosas o elementos, al trabajo, etc.… dónde estamos depositando esa confianza y que tan seguros nos sentimos. Seguramente te parecerá extraño eso de “apegarse a las cosas” pero sí, esto pasa y mucho… en ocasiones las personas le otorgamos mucho valor a las cosas materiales, una casa, un regalo, una taza…. Y más allá del objeto en sí, se trata de lo que me hace sentir. Es difícil separarse de la casa en donde vivimos nuestra infancia, es normal que existan muchos recuerdos, hay un vínculo emocional con la casa y es normal que nos genere nostalgia partir. Sin embargo, cuando esto se vuelve traumático, algo no estamos gestionando adecuadamente. Si bien, en este caso, la casa nos trae recuerdos muy bonitos y ha sido nuestra zona de confort por tanto tiempo, una persona con apego seguro, podrá afrontar esta situación de cambio de manera más funcional, sabrá que en otro sitio creará una nueva zona segura, y que creará muchos más momentos agradables. Sin embargo, una persona con un tipo de apego ansioso, o evitativo, le costará mucho más aceptarlo,

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¿Cómo puedo mejorar mis hábitos…?

Mucho de lo que hacemos durante el día son actos automatizados, es decir, los tenemos muy interiorizados y no consideramos necesario tener que prestarle mayor atención, cosas a las que estamos habituados. Un ejemplo de ello es levantarnos e ir al baño a asearnos, este tipo de rutinas del día a día las hacemos prácticamente aun sin despertar del todo, el cuerpo lo hace de manera automática. Hay acciones de este estilo que son buenas y otras que no son tan buenas y nos entorpecen en el día y en la vida, sin darnos mayor cuenta de ello. No existen una serie de hábitos, o pasos a seguir mágica para ser grandioso, exitoso, ni mejor persona, hay hábitos saludables y otros que no, hay rutinas que le sirven a ciertas personas que a otras no les sirve y esto no quiere decir que este mal ni les haga ser más o menos exitoso en la vida. Cambiando nuestros hábitos a unos más saludables o sin cambiarlos, sencillamente mejorarlos, logramos conseguir muchas cosas, pero, conseguir el “éxito” va mucho más allá de eso. Los hábitos bien sabemos que son conductas que hacemos cotidianamente, esto significa que tener hábitos saludables no se resume en seguir una dieta balanceada, dormir entre 7 y 8 horas diarias y practicar ejercicio. Tener hábitos saludables implica desarrollar conductas que para nosotros sean funcionales, que nos ayuden a potenciar nuestras habilidades al máximo, mejor organización y en conclusión resultados positivos. Seguro te preguntarás qué por qué creo que esos “hábitos saludables” que nos venden para ser exitosos no funcionan… Es muy sencillo y te explicaré porqué… Hay personas que son diurnas y otras nocturnas, esto significa que su nivel de activación es mayor en la mañana o en la noche, con lo cual obtendrán mejores resultados y su rendimiento será más eficiente cuando tengan un nivel de activación óptimo. Es por eso que hay personas que, aunque se levantan de madrugada, no consiguen activarse hasta algunas horas después de haberse levantado… ¿Crees que eso es funcional? No sirve de nada que nos levantemos a las 5 am con la creencia de que haremos más cosas o seremos mejores cuando nuestro cuerpo no reacciona hasta las 9 o 10 de la mañana, para eso es mejor descansar. Esta diferencia en el dormir surge también en el área laboral e incluso con el ejercicio. Aunque hay evidencia que señala que la mejor hora para estudiar es por la mañana (de hecho, es por eso que, las escuelas e institutos son en este horario) hay personas que esto no les es tan funcional. Adoptar hábitos saludables, es seguir conductas positivas que nos ayuden a mejorar nuestro rendimiento, salud mental y física. No es tan importante el orden ni tampoco los horarios, lo que es importante es hacer cada cosa en tu momento del día óptimo. Dentro de estas conductas positivas, encontramos como hemos dicho, hacer ejercicio: si hacer ejercicio en la mañana, me sienta mal, porque considero que no puedo llegar al objetivo o hace que me encuentre mal físicamente o no rindo como pudiera, no pasa nada hacerlo por la tarde, lo importante es hacerlo. Dormir entre 7 y 8 horas diarias es muy difícil para muchas personas ya que hay por muchas condiciones necesitan dormir más horas que las recomendadas ¿Eso significa que nunca llegarán a ser exitosas? La respuesta evidentemente es No, lo saludable es dormir lo que se necesita para poder rendir al máximo durante la jornada. De nada sirve dormir 7 horas y estar soñoliento todo el día sin lograr acabar las tareas pautadas. Del mismo modo, si dormimos 9 pero estamos a tope todo el día pudiendo cumplir nuestros objetivos, esto es una conducta más saludable que la anterior, nos hará sentir mejor tanto física como mentalmente que el caso anterior. Esto también ocurre a la inversa, hay personas que si duermen 8 horas se encuentran mal durante el día y su funcionamiento dista mucho de ser el idóneo, en cambio durmiendo 6 horas, para ellas es más que suficiente para recuperarse. Como hemos venido diciendo, el crear hábitos saludables es encontrar la mejor rutina para nosotros en los momentos adecuados del día. Es saber que debo intentar acostarme y levantarme siempre a la misma hora, saber que debo incluir un espacio para hacer ejercicio diario o al menos 3 veces a la semana, adecuado a mi momento de mayor aprovechamiento. Que es necesario incluir en nuestro día, tiempo para la desconexión, para conectar con nosotros y en la medida de lo posible con la naturaleza lo que nos llenará de energía; y por supuesto encontrar tiempo para nuestro crecimiento personal y profesional, aprender algo nuevo, tener un momento de ocio y descansar. Aunque se crea que no, nuestros momentos de ocio que nos podamos dedicar a alguna actividad que nos guste fuera del ejercicio o crecimiento profesional, es muy importante porque nos ayuda a entender que hay momento para todo inclusive para disfrutar. Si dedicamos nuestro día a nuestro trabajo, ejercicio, responsabilidades familiares y de hogar, no estamos invirtiendo en tiempo para nosotros, y aunque creamos que estamos cumpliendo nuestros objetivos y somos funcionales, nos traerá malestar porque hay una parte de nosotros que no estamos atendiendo. Nos venden que se debe meditar, hacer ejercicio y una cantidad de actividades infinitas diarias para ser productivos, eficientes, mejores personas, exitosos y un largo etc. cuando esto lo que nos produce es mayor carga de estrés y tensión diaria si por algún motivo no logramos hacerlo todo. Esa es otra razón por lo que “los hábitos saludables para ser exitosos no funcionan”. Más que eso, podemos incluir en nuestro repertorio de conductas habituales, el tener tiempo para practicar soluciones de problemas, para practicar la gestión emocional y diversas técnicas para afrontar el estrés. Es evidente que conductas como fumar, beber alcohol no son saludables, pero eso ya seguramente lo sabes así que no iré por ahí… pero es importante que conozcas las razones del

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Nosotros y Nuestra Autoestima

La gran mayoría de las personas han escuchado la palabra “Autoestima” pero puede que no sepamos bien lo que es. Existen 3 conceptos que están relacionados y son la Autoestima, el Autoconcepto y la Identidad. Estos conceptos son base fundamental de nuestro bienestar, por lo tanto, cuando hay una distorsión o variación negativa de alguno de ellos, el efecto será en cadena y ocasionará mucho malestar. ¿A qué nos referimos con cada uno de ellos? Cuando hablamos de Autoestima, nos referimos a la estima o afecto que nos tenemos a nosotros mismos. Aunque parezca que nos queremos puede que en momentos esto no sea así. “Si no te quieres a ti mismo nadie lo hará” Seguro has escuchado esta frase, te la hayan dicho o incluso que la hayas dicho tu mismx a otra persona, y quiero decirte que esta frase no es del todo cierta… Sí nos pueden querer, aunque nosotros no lo hagamos, un ejemplo muy sencillo de esto es que, aunque estemos en momentos complicados de nuestras vidas y nos encontremos con una autoestima bajo, las personas que nos quieren no lo dejan de hacer, nuestros amigos y familiares nos siguen queriendo, aunque nosotros no lo hagamos. De hecho, nuestros padres nos quieren desde antes de que formemos nuestro propio ser. Incluso podemos seguir queriendo a los demás, sin en esos momentos tenernos mayor afecto a nosotros mismos. La estima que tenemos hacia una persona está basada en las cualidades y características positivas que tiene esa persona. Lo mismo ocurre con nosotros mismos, nos queremos porque hay cosas de nosotros que nos gustan, que nos hace sentir bien y a gusto. Cuando esto no sucede, podemos disminuir ese afecto, como pasaría con cualquier otra persona. Esto significa que los que nos quieren cuando nosotros no lo hacemos, observan y valoran en nosotros cosas que no estamos viendo con facilidad, por lo tanto, no lo valoramos. ¿Qué ocurre con esta frase? Es probable que, si lo interpretamos de manera literal, lo que nos venga a la cabeza es que si no me quiero pues no habrá nadie que lo haga. Hablamos de un condicional, si NO me quiero entonces Nadie lo hará, pero si me quiero y mucho, los demás también me querrán. Limitamos el desarrollo de nuestro propio querer por y para que el otro me quiera, nos limitamos a buscar aprobación, afecto de alguien externo y por supuesto mantener un vínculo. Sin embargo, se nos dificulta darnos cuenta de que el mayor vínculo que tendremos y que nos durará para siempre será aquel que desarrollamos y alimentamos con nosotros mismos, de hecho, nuestra persona será la que indudablemente nos acompañará por el resto de nuestras vidas. Por otro lado, tenemos el Autoconcepto y hablamos de él para referirnos a esa imagen que tenemos de nosotros mismos, en definitiva, qué concepto tenemos de nosotros, que nos parecemos, si nos consideramos de una manera o de otra, los valores que tenemos, nuestro conocimiento, y todas aquellas cosas que nos podemos atribuir. No siempre tenemos un autoconcepto apropiado e incluso realista de nosotros mismos, es por eso tan importante invertir tiempo en conocernos. Podemos tener un concepto de nosotros que no es el que expresamos y esto puede ocasionarnos malestar, incluso el hecho de distorsionar nuestro concepto producto de una experiencia negativa. [Si quieres saber más sobre la imagen que podemos ofrecerles a los demás, lee mi artículo de Máscaras] Hay una frase en especial que resalto mucho en las consultas, y es la de “No soy capaz de…” aunque parece no ser más que una expresión cuando no conseguimos hacer algo, queda registrado en nuestro cerebro como “Justo esto no lo lograré, por qué me faltan capacidades”, muy distinto es si transformamos esa frase a: “no lo logro hacer ahora, tendré que practicar” o “No lo consigo en este momento, pero buscaré resolverlo”. No es lo mismo la falta de conocimiento o de habilidad que de capacidad, somos capaces de todo lo que nos propongamos, solo que unas cosas, nos llevará más esfuerzo que otras, pero las capacidades sin duda las tenemos. Cerramos estos tres componentes con la Identidad, la cual nos refiere lo que somos, quienes somos, que nos caracteriza y cual es nuestra esencia. Es un concepto un poco más profundo y abstracto que el autoconcepto, recordemos que el autoconcepto es la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestra imagen, la identidad nos habla de nuestro ser. La identidad incluye nuestras características más permanentes, lo que realmente lo diferencia del autoconcepto, es que éste último puede variar en el tiempo y según nuestras experiencias, la identidad una vez desarrollada, es más difícil de cambiar. Son muchos los factores que influyen en el desarrollo y mantenimiento de estos conceptos de manera saludable. Podemos empezar a hablar desde la niñez, aunque cada uno estos componentes se crean en distintas edades y etapas de desarrollo, hay factores que pueden favorecer o afectar negativamente en su curso. Entre ellos se encuentra la crianza, la manera en la que nos crían es determinante para un desarrollo adecuado de estos componentes. Si criamos a nuestros niños en un ambiente seguro, con una afectividad sana y adecuada, con libertad de expresar sus pensamientos y emociones, con un trato adecuado, una red social robusta que ofrezca a los niños apoyo, éstos desarrollarán una identidad firme, un autoconcepto positivo y competente y por supuesto una buena autoestima. Si por otro lado, la crianza está basada en malos tratos, agresión verbal -como lo pueden ser los insultos no solo para regañar sino para incluso hacer bromas (esto suele verse más en relaciones masculinas o hacia niños)-, agresión física -nuevamente no solo para castigar sino para generar un “ambiente divertido y de juego” o en distintas dinámicas-, el restarle valor a sus pensamientos y emociones, humillar o crear burlas sobre ellos, estamos favoreciendo al desarrollo de un inadecuado autoconcepto, dificultad para crear la identidad y como es comprensible, una baja autoestima. Aunque se crea

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¿Qué “Normalizamos” y que no?

Aunque el término normalizar tiene una vida muy extensa, en la última década esta palabra ha tenido muchísima relevancia, sobre todo en el ámbito social. Dentro de la dicotomía en la que vivimos de que las cosas son buenas o malas, también hay dos polos en cuanto a lo que es normal y lo que no lo es, con lo cual, normalizar es pasar de la categoría “no normal” a la categoría “normal”. Pero ¿qué es lo normal? Pues lo normal, es todo aquello que es aceptado socialmente y que se encuentra dentro de unos límites o parámetros de aprobación demarcado por la sociedad, en este sentido, son todas las cosas que son cotidianas y aceptadas – existen muchas otras cosas que aun siendo cotidianas no son aceptadas como determinados comportamientos -. Hay diferencias entre las distintas sociedades, aunque todas sufran cambios y evolucionen, no todas lo hacen hacia la misma dirección ni a la misma velocidad, esto hace que en cada una pueda haber características normalizadas que en otras no. Por ejemplo, puede verse “normal” un comportamiento afectivo o incluso más libertad de expresión en unas regiones y en otras, puede que esto no sea lo normal. Hay de hecho sociedades más reprimidas que otras. En la última década han surgido muchos movimientos en pro a la normalización de distintos aspectos. Lo que ha generado una búsqueda de visión más amplia sobre distintas temáticas. Se ha buscado ampliar esos márgenes sociales permitiendo mayor espacio de expresión y libertad. Cabe destacar que eso que tildamos como “normal” socialmente hace que todo lo que no se encuentre fuera de ella sea “anormal” y en ocasiones no es así. Les pondré un ejemplo: la delincuencia, en países que sufren de elevados índices de este fenómeno, puede que sus ciudadanos consideren como “normal” que les hayan robado alguna vez, sin embargo, en países o regiones donde es un suceso sumamente penalizado y que no suele ocurrir, es un acontecimiento totalmente “anormal”. Lo mismo ocurre con sociedades donde es “normal” tener más de una pareja si se trata del hombre y en otras esto es todo lo contrario, incluso puede verse de manera negativa. También ocurre cuando nos referimos a colectivos estigmatizados, el mismo hecho de ser estigmatizados, parece que se cataloga dentro de la “anormalidad” y esto, claramente no tiene porque ser así, de hecho, el definir a un grupo de personas como colectivos, parece indicar que están fuera de lo común, que presentan características que los demás no las tienen y, por ende, se ubican fuera de la curva de la “normalidad”. Como te comentaba antes, el “normalizar” permite ampliar nuestra perspectiva, permite integrarnos los unos a los otros, aunque presentemos diferencias, nos enriquece como sociedad, favorece el cambio positivo y la evolución. Si suena todo tan bien, ¿por qué es tan difícil en ocasiones normalizar? El permitirnos ser de determinada manera, de elegir o incluso pensar diferente a lo socialmente establecido, puede generar irregularidades en el orden social. Esto de “normalizar” lo hacemos incluso nosotros mismos todos los días, cuando permitimos comportamientos que son inadecuados de las personas con las que compartimos o nos relacionamos, cuando nos habituamos a que nuestros hijos se comporten de manera inadecuada y para justificarlos ponemos excusas y esto también sucede con nosotros mismos. Parece entonces que es más fácil “normalizar” conductas inadecuadas que las que nos pueden generar satisfacción, felicidad y bienestar. ¿Has pensado en por qué sucede esto? Uno de los factores que influye en la dificultad para normalizar es que la necesidad de control, de mantener el orden jerárquico en las sociedades puede incluir mantener etiquetas, mientras más separados nos ubiquemos, mientras más pequeña sea la curva de normalidad, será mas fácil mantener dicho orden, estatus y jerarquía – esto es porque, el margen de movimiento es más reducido, con lo cual, todo lo que se encuentra por fuera de dicho límite, será de por sí, minimizado y hasta penalizado-. Por el contrario, si ampliamos dicha curva y empezamos a integrar a todos esos colectivos “normalizándolos” el coste de mantener el orden social puede convertirse en un precio muy elevado. Otro de los factores es la creencia irracional de considerar la felicidad propia como egoísmo y la autenticidad como algo disonante – cosa que sucede en sociedades colectivistas- esto sugiere que si bien, el pensar más en el otro puede suponer su aceptación, no necesariamente es así. Lo mismo ocurre en sociedad individualistas, pero con otros aspectos, este mismo tipo de sociedad que no necesariamente promueve el bien común, sino el crecimiento del propio individuo y la competencia puede hacer que velemos en mayor medida por esto último, sin necesidad de considerar al otro. Como has podido ver, es un tema muy complejo donde se evidencia dos caras tanto de la sociedad, como del sistema y por supuesto del comportamiento individual. Pues bien, visto esto, somos partícipes en el proceso de “normalización”, esta percepción de que algo se puede categorizar de alguna manera empieza por cómo lo vemos nosotros mismos. Recordemos que todos los movimientos que se han llevado a cabo a lo largo de la historia han empezado por alguien que ha pensado diferente y que ha luchado por sus ideales y creencias. Por esta razón es tan importante reforzar lo que creemos, permitirnos pensar diferente al resto y darnos la oportunidad de generar cambios positivos no solo para nosotros mismos sino también para los demás.

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El vaivén de las máscaras…

El vaivén de las máscaras… ¿Te has dado cuenta de cómo te comportas y delante de quiénes? Las personas nos comportamos de determinada manera dependiendo de con quienes estemos, y seguramente pensarás que esto no es así y que siempre te comportas igual… pero no, y te explicaré por qué. Dentro de la sociedad todos cumplimos determinados roles en determinadas situaciones, por ejemplo: no nos comportamos igual en una reunión familiar que con nuestros amigos, o, no nos comportamos de la misma manera si estamos delante de nuestro jefe o con los compis del deporte que practicamos, y esto es normal. Este comportarnos de manera diferente dependiendo de con quien estemos, no es lo mismo que seamos diferentes dependiendo de con quien estemos. Cuando hablamos del ser, estamos hablando de nuestra personalidad, de nuestro criterio, manera de pensar, opinión y todas esas cosas que nos diferencian de los demás, que nos hace ser nosotros mismos, y es nuestra propia esencia. Esto significa que nuestra imagen también se puede ver modificada, es probable que delante de nuestro jefe, afiancemos esa imagen de responsabilidad, productividad y eficiencia que con nuestros amigos no lo veamos tan necesario, afianzando otras como esa parte divertida y ocurrente que nos caracteriza, ese apoyo incondicional, etc., y frente a nuestros hijos pues, mostremos esa imagen de autoridad, de fuerza, y de valentía. En efecto, es posible que todas esas características sean parte de nosotros y de nuestra forma de ser, sin embargo, hay veces donde creamos una imagen ficticia y es solo para aparentar, agradar al otro, sentirnos partes de un grupo, por ejemplo, y no nos damos cuenta. Por tanto, no es lo mismo el Rol que cumplimos socialmente a las máscaras que podemos ponernos. Los roles, como lo menciono dos párrafos más atrás, son aquellas funciones sociales que “debo cumplir”, otro ejemplo de eso sería, la profesión de payaso, estas personas que bien demuestran felicidad y alegría -que puede que en efecto no la tengan- cumplen con un trabajo, lo hacen con una finalidad. Es digamos su rol a nivel laboral y su intencionalidad se ubica dentro de ese mismo contexto. Es por eso por lo que, se podría a hablar de máscaras cuando nos referimos a esa imagen que podemos dar en algún momento, que no es realmente nuestra, que es voluntaria o involuntaria y que la usamos con la intención de ser aceptado/a o sencillamente agradar y que su vez, puede esconder muchas cosas en el fondo. Podemos aparentar muchas cosas, entre ellas estados anímicos. Es muy usual encontrar personas que aparenten ser muy felices, tener una vida “plena”, cuando su realidad puede ser bastante distinta, y realmente no sentirse como aparentan. Este mantenimiento de las máscaras nos hace desconectar y de hecho separarnos muchísimo de quienes somos realmente, de cómo nos encontramos, de cómo nos sentimos. Nos hace separarnos de nuestra realidad y de nuestra esencia. Esa búsqueda de ser aceptado, de agradar a todos, que nos puede alejar de nosotros mismos, que nos puede hacer modificar incluso nuestra manera de pensar, es justo lo que inicia y mantiene esas máscaras puestas en nuestros rostros. Si bien es cierto que en esto hay muchos factores que colaboran, como lo hemos venido diciendo, la presión social, el satisfacer las demandas del otro y el uso de las redes sociales… Seguramente estarás de acuerdo conmigo en cuanto a que has visto alguna vez -y quizás hasta más de una- a personas en las redes sociales, que venden o sencillamente muestran una vida perfecta, una vida sin problemas, una vida maravillosa donde todo es luz, donde todo es positivo, donde lo “tienen todo” … y, no es más que una ficción. Por qué? ¿Por qué no se puede tener una vida perfecta? Si, si que se puede tener una vida donde todo sea maravilloso y eso lo encontraremos cuando podamos asumir que la vida tiene múltiples situaciones buenas y quizás otras tantas no tan buenas, y aun así nos encontremos estables; donde podamos gestionar nuestras emociones, nuestras expectativas, cuando nos queramos lo suficiente como para permitirnos errar e incluso cuando nos permitamos vivir, más que sobrevivir. Esa “vida perfecta” la construiremos cuando entendamos que lo que es perfecto para ti no tiene porque ser perfecto para el otro, y aun así nos sintamos bien, que justo busquemos eso que nos hace feliz a nosotros mismos, más que buscar eso que los demás quieren que haga, ser lo que los demás quieren que sea, o vivir como los demás quieran que viva. Estas máscaras esconden cosas, y mucho de lo que esconde es malestar. De hecho, hay personas que pueden ocultar perfectamente su tristeza e incluso la depresión por medio de una máscara de felicidad, y esto es porque se encuentran tan inmersos en ella que no se permiten conectar consigo mismos. Ocupando gran cantidad de tiempo, en no verse, no sentirse, criticando al otro, buscando errores en el comportamiento del otro, buscando fallos en la vida en general, sin ver que mucho de esas cosas son proyecciones de nosotros mismos y nuestro sentir. En ocasiones pretendemos aparentar una autenticidad, que no es del todo real, es forzada, es ideal, no es mantenible en el tiempo porque no es nuestra. Prioricemos, pero, sobre todo, ubiquémonos dentro de nuestras propias prioridades. Es importante darnos cuenta de eso, de como nos comportamos, como vemos la vida, como sentimos ante las diferentes situaciones y que realmente pensamos, aunque esto signifique diferir de lo que opinen los demás. ¿Cómo puedo saber si estoy usando máscaras? Pues pregúntate lo siguiente y tómate tu tiempo para responder: ¿Te das espacio para escucharte? ¿Te preocupa que las personas te vean cómo eres? ¿Ocupas mucho tiempo pensando en lo que se espera de ti? ¿Te gustas? ¿Te entiendes? ¿Inviertes tiempo en conocer lo que realmente piensas y sientes frente a las situaciones? ¿Puedes decir lo que te agrada y lo que no? ¿Evitas sentir tus propias emociones? ¿Te han dicho que cambias cuando

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LAS EMOCIONES

Eso que llamamos emociones Empecemos por decir que las emociones son reacciones que experimentamos a partir de un estímulo. Esta reacción genera cambios en nuestra mente y en nuestro cuerpo permitiendo adaptarnos y responder a dicho estímulo que puede ser interno o externo. En definitiva, es aquello que nos puede producir objetos, momentos y personas. Son muchos los tipos de emociones, de hecho, se ha clasificado como primarias y secundarias. Entendiéndose con eso que son universales, es decir, indiferentemente de la ubicación de la persona a nivel geográfico, creencia, cultura y otros factores identitarios, por ejemplo, cualquier persona será capaz de identificar la emoción que manifiesta otra persona. Entre las emociones primarias encontramos la alegría, la ira, el miedo, el asco, y la tristeza. Se le llaman emociones primarias ya que son innatas en los seres humanos. Por otro lado, están las emociones secundarias, las cuales son aprendidas y producto de la socialización, surgen a raíz de la primera, y pueden servir como matices de éstas, como serían la vergüenza, el enfado, etc. Aclaremos que no hay emociones positivas ni negativas, todas las emociones cumplen una función y es la de ayudarnos a adaptarnos al medio, a sobrevivir, a manejar diversas situaciones, nos avisa de riesgo, entre muchas otras cosas. Aunque como tal, no hay emociones ni buenas ni malas, socialmente se les ha generado una connotación a dichas emociones, categorizándolas como buenas o malas en función a su experiencia, es decir, hay emociones que pueden producir mayor placer que otras, es probable que muchos prefiramos estar alegres que tristes, sin embargo, la función que ejecuta cada una es distinta, la percepción de alegría y su entendimiento puede ir de la mano de que hemos experimentado la tristeza. Socialmente se nos ha enseñado que la ira es mala, que “no se le puede hacer asco a las cosas”, y por supuesto que “los/as niños/as grandes no lloran”. Todo estos aprendizajes o frases que se nos han podido repetir, con mayor o menor intensidad dependiendo también de la cultura, ha generado en nosotros creencias irracionales de que no es correcto sentir lo que sentimos o que es algo negativo, lo que más bien ha colaborado en la creación de emociones como la culpa y la vergüenza. Esa misma creencia es la que en muchas ocasiones nos hace obligarnos a estar bien cuando no lo estamos, al no querer experimentar que estoy triste por que me “vuelve débil” y el tener que aceptar comportamientos del otro que realmente no queremos. De hecho, es por esto y por muchas otras razones, las cuales nos puede costar en algún momento expresarnos con claridad, crear límites entre lo que queremos y lo que no, y nos hace mantener tipos de relaciones que no son nada saludables para nosotros mismos. Es posible que encuentres muchas personas o incluso tu mismo que pienses que hay emociones negativas… en efecto, hay emociones que claramente no disfrutamos, pero esto no las hace ser negativas, de hecho, puedes creer que sean negativas porque te causen malestar o que no sepas gestionarlas. Si en verdad existieran emociones positivas o negativas… salvo la alegría todas las demás serían negativas, cosa que no es cierto; de hecho… ¿has escuchado a alguien decir que necesita aprender a gestionar su alegría? Como hemos dicho, las emociones repercuten en nuestro organismo a nivel fisiológico y en nuestra mente, en este sentido, se trata de una relación recíproca, donde el estímulo genera unos cambios en nuestro organismo, así logramos responderle a ese estímulo. Una situación satisfactoria para nosotros nos hará producir oxitocina, generando mayores niveles de alegría, fortaleciendo esa relación que podamos tener con el estímulo. Si bien cada emoción tiene su propia función, se necesitan todas, son interdependientes entre sí, por tanto, el evitar exponernos a ellas o evitar sentir alguna de ellas, puede más bien, generar problemas en la propia adaptación del individuo. Las emociones son temporales y nuevamente, son respuesta a determinados estímulos, una vez que ha terminado la situación, por ejemplo, la emoción también tenderá a cambiar, por ejemplo: si vemos algún insecto que me desagrade por completo, o percibes un olor desagradable, es probable que sientas asco, sin embargo, una vez superado el insecto o que haya pasado el olor, también dejarás de sentir asco. Seguro te preguntarás qué ocurre cuando sientes asco por mucho tiempo o cualquier otra emoción… En este caso, participan otros factores como los procesos cognitivos y en especial la memoria. Cuando recordamos, generalmente podemos sentir la misma emoción que sentimos la primera vez, pero eso también va pasando con el tiempo y con la manera en que aprendemos a gestionar dicha emoción. Podemos aprender a cambiar de perspectiva cuando recordamos algún acontecimiento doloroso, por ejemplo, logrando disminuir ese malestar. Hay experiencias que nos dejan más huellas que otras, es por eso por lo que las emociones que podemos sentir en determinados momentos son mucho más fuertes y persistentes, por ejemplo: la emoción de alegría al reencontrarte con algún ser querido o, por otro lado, la tristeza profunda al separarte de ese mismo ser querido. Una vez entendido de que las emociones son necesarias y que nos permiten aprender y disfrutar de la vida, ahora solo queda llevarnos bien con ellas. No hacemos nada juzgándolas, recordemos que no son buenas ni malas, solo son. Así que conozcámoslas y aprendamos de ellas. Si tienes dificultades para entender tus emociones y gestionarlas, ¡descarga mi guía! Ahí encontrarás algunas herramientas que te ayudarán a conectarte con ellas.

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La importancia de Reírnos

La risa es la expresión de una emoción a partir del movimiento que ejecuta la boda y otros músculos del rostro, en combinación con aspiraciones que pueden ser o no ruidosas debido a contracciones del diafragma. La risa surge producto de un contenido que combina tanto intelecto como una valoración afectiva. La Risa y el humor nos hablan de una manera de ver el mundo, las situaciones, lo que nos ocurre a nosotros mismos y a nuestro alrededor, es esa tendencia de ver las cosas de determinada manera. La risa es una manera de comunicarnos que, de hecho, compartimos con los primates y que nos permite transmitir información considerándola un lenguaje universal. A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo y desarrollando habilidades unas se perfeccionan y otras varían e incluso pueden disminuir, como sucede en el caso de la risa. Como hemos dicho la risa se utiliza sobre todo en la infancia como una manera de comunicarnos, sin embargo, en la etapa adulta decrece, y esta capacidad de reír disminuye, cuando somos niños nos podemos reír unas 350 veces diarias sin mayor dificultad, pero siendo adultos no ocurre lo mismo, las personas más risueñas apenas alcanzan unas 100 veces al día mientras que los que no, reírse 15 veces en el día es un logro… La risa se ha utilizado como alternativa a tratamientos médicos desde hace más de 4000 años y desde entonces, los resultados de muchos estudios nos han indicado que son numerosos los beneficios de la risa en todas las áreas, tanto física, social y psicológica. Respiramos más profundamente, se fortalece el sistema respiratorio y sanguíneo, se oxigena más el cuerpo, mejora la circulación y las funciones cardiovasculares, Se entonan los músculos, se facilita la digestión y disminuye el estreñimiento, Se fortalece el sistema inmunitario contrarrestando los efectos inmunodepresivos del estrés Aumenta la secreción de endorfinas, dopamina, oxitocina y serotonina. Elevan el tono vital y nos hacen sentir más despiertos eliminando el estrés Nos hace ser más receptivos y ver el lado positivo de las cosas, disminuyendo los síntomas de depresión. Provoca un retroceso a un nivel anterior de funcionamiento mental o emocional, generalmente como un mecanismo para aliviar una realidad que se percibe como dolorosa o negativa. Se ha demostrado que la risa combate miedos y fobias. Permite la exteriorización de emociones y sentimientos. Cuando la persona se ríe de sí mismo aumenta su autoestima y desarrolla una actitud de reto o desafío que consiste en hacer frente a las tensiones y a las situaciones difíciles. Nos sentimos más optimistas y felices, redescubrimos el placer, la ilusión y la alegría Favorece el funcionamiento de nuestros procesos cognitivos Favorece la relación entre las personas Ayuda a expresar emociones y elimina pensamientos y emociones negativas. En general, el tener un sentido del humor y reírnos nos ofrece la oportunidad de experimentar esa parte divertida que tiene la vida y disfrutar de las incongruencias propias de la sociedad humana. De hecho, nos permite darnos cuenta, y en ocasiones crear esas propias incongruencias, sentirnos parte de y restarle importancia a la necesidad de perfección que socialmente se nos exige. Lograr reírnos de cosas referentes a esta situación nos permite ver el vaso medio lleno, nos devuelve esa confianza y sensación de control que nos ayuda a continuar y seguir haciéndole frente. Nos permite seguir batallando y recuperando la perspectiva positiva y sobre todo, nos permite ubicarlo en un sitio donde no nos sobrepase. Empecemos a permitirnos reír y sentir que las cosas las podemos transformar y aunque sea por momentos pueden ser diferentes, no dejemos de trabajar con el humor, propongámonos reírnos más veces en el día, volvamos a jugar, a divertirnos a ver las cosas desde una perspectiva positiva, todo no puede ser malo ni podemos dejar que lo sea. Empleemos nuestro tiempo libre en actividades como la risoterapia que nos permitan drenar todas esas energías, pensamientos y tensiones diarias. …Todo esconde algo divertido, sino es así podemos crearlo nosotros mismos… https://youtu.be/oAw6xbLrv1g

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Eso que se nos ha podido olvidar… Leer

Leer es un hábito que se ha ido perdiendo o al menos disminuyendo con las últimas generaciones. Leer era antiguamente el principal medio informativo, al igual que representaba un esfuerzo buscar libros referentes a las temáticas de preferencias, con lo cual, la estadía en librerías y bibliotecas eran bastante prolongadas y de hecho, con mucha frecuencia, del mismo modo que la compra de diarios y revistas para leer las ultimas noticias y mantenernos actualizados. La realización de hemerotecas era una asignación cotidiana en los institutos -consistía en buscar artículos y recortar del diario imágenes y textos informativos acerca de algo en concreto- y por supuesto la búsqueda de información en enciclopedias físicas e incluso recibir como regalos, libros era algo bastante normal; se fomentaba mucho más la lectura a nivel educativo. Actualmente los libros en mayor medida, han sido sustituidos por documentos virtuales, esto ha favorecido, su almacenamiento -ya que lo podemos guardar en estos propios espacios virtuales como en la nube por ejemplo-, el acceso y adquisición también ha cambiado, dado que en internet es muy fácil conseguir documentos informativos variados y de forma gratuita, presentando contenido de forma más didácticas, que favorezca el mantenimiento de la atención y por supuesto, convirtiendo el contenido más atractivo para todas las edades, incorporando formato de color, ilustración, etc. Esta transformación del formato a uno virtual, ha facilitado el traslado de dicho material, por ejemplo, facilita llevar todos los libros que queramos en nuestro móvil y tablet y hacer más cómodo su selección y uso, convirtiéndose estas herramientas en aliadas para poder leer en cualquier lugar, aún así, con dichas facilidades, parece no ser tan atractivo. Adicionalmente se ha implementado el uso de videos como fuente informativa, con contenidos concretos y explicaciones más fáciles de entender y que no requiere mayor esfuerzo en su búsqueda, economizando así mucho tiempo. Es importante destacar el hecho de aún estando frente a una fuente informativa, en ocasiones sólo atendemos a lo mínimo, a los titulares por ejemplo y ya sabiendo esto nos sentimos informados, sin entrar directamente en el contenido de la misma. Se puede decir que, si bien los libros son escritos, con lo cual hacemos en gran medida uso de la visión para poder efectuar la lectura, existen libros completamente ilustrados que de igual manera cuentan una historia y también hay presentaciones de los libros basados en la audición. El formato de libro común no suele tener imágenes, es meramente texto lo cual para muchas personas no lo hace atractivo, ya que necesitan algo más que una buena historia para continuar con la lectura. Parece que ese formato de puras palabras lo vuelve monótono, lo cual, cansa a la vista y al lector. Este libro común lo anteponemos a un nuevo formato de información de los ya mencionados y es probables que sigan siendo preferidos para personas de generaciones anteriores y probablemente esa selección se base en la costumbre de leer, sin embargo, a personas de estas nuevas generaciones, a quienes ya se les ha ido presentando este formato dinámico es muy probable que le aburra leer un libro común, aún manteniendo la temática de preferencia. Una de estas razones del por qué ocurre esto es porque vivimos en una época de sobre estimulación y para bien o para mal, a eso nos hemos acostumbrado, se ha vuelto nuestra forma de vivir. Necesitamos constantemente información y estimulación nueva entrante para mantener nuestra atención, sino es probable que nos aburramos. Al ser nuestro ritmo de vida tan dinámico nuestras preferencias posiblemente irán en la misma dirección. Te preguntaré lo siguiente: ¿cuántas veces te has encontrado con la luz encendida, delante de la tv con programación activa, hablando con alguien y a la vez viendo alguna pantalla, del móvil por ejemplo? ¿Cuántas veces has preferido esperar a ver la película en vez de leer el libro? Esta respuesta probablemente ha sido positiva en mayor o en menor medida… y esto refuerza justo esa necesidad de estimulación de la que te hablo. Entonces, entre las razones que se pueden señalar por las que se ha dejado leer, encontramos: La economización de tiempo y dinero buscando la información específica que necesitamos y de manera inmediata a través de internet. Esa información la podemos encontrar explicada de manera más fácil y práctica en videos o imágenes. Estos nuevos formatos son más dinámicos y atractivos, lo cual mantiene nuestra atención. Una de las características que hacen atractivos estos contenidos son la brevedad que poseen, en cuanto a que no debemos invertir mucho tiempo para conseguir lo que queremos. La inversión de tiempo es mínima y logramos el objetivo. La forma en que se nos explica nos permite no razonar, es decir, la información que te dan es total, no suelen dejar nada para el propio procesamiento o trabajo personal, con lo cual no hace falta analizar, reflexionar, en pocas palabras, no da espacio a pensar, es una respuesta a lo que necesitamos y ya. Pensar genera un esfuerzo, el crear conexiones, razonar, indagar, interpretar son acciones que no son económicas y generan un gasto (o inversión, dependiendo de tu perspectiva), es por eso por lo que el contenido al cual, estas nuevas generaciones acceden, elimina todas esas variables, creando un formato, fácil de entender, rápido de acceder y recibir, que nos haga conseguir de la misma manera, eso que estamos buscando. Recordemos que el ritmo de vida que llevamos es tan rápido, que “debemos hacer todo ya” “conseguir todo al momento” “responder inmediatamente” y que por supuesto, no tenemos tiempo que “invertir” y mucho menos “perder” leyendo como antiguamente se hacía. Con todo esto, no nos damos cuenta de todo lo que perdemos, el enriquecimiento que obtenemos cuando trabajamos nosotros mismos un tema, desarrollando conocimiento, viendo más allá de ese propio contenido, formalizando nuestra propia percepción y criterio ante las cosas. Beneficios de la lectura La lectura nos ofrece un mundo nuevo, y es simplemente porque leyendo dejamos fluir nuestra imaginación y nuestra creatividad, como una vez me

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Enfrentando nuestros Miedos

Todos tenemos miedos, de un tipo o de otro, más cotidianos o específicos. Estos miedos pueden ser hacia cualquier elemento externo como animales, clima, enfermedades, cosas en concreto, incluso a personas; y también pueden darse frente a elementos internos o referidos a nuestro ser, juicios, conflictos, toma de decisiones, desaprobación, desamparo, a no alcanzar nuestras metas, soledad, entre muchos otros. Nos enseñan que el ser miedoso significa “no” ser valiente, y por supuesto, también nos enseñan que eso es “malo”. Los miedos van unidos a nuestras creencias, a nuestra crianza, a nuestro entorno y sociedad. Hay miedos que son más aceptables que otros, por ejemplo, hay regiones que, por su cultura, religión y perspectiva, su gente no parece tener miedo a la muerte, mientras que hay otras, por el contrario, que si lo manifiestan; lo que no significa que este mal sentir miedo a la muerte, solo que en unos lugares son más aceptados que en otros, y no por eso dejan de ser miedos. Con lo cual, la sociedad y nuestro entorno juega un papel importante en la aceptación y concientización de ese miedo. Como hemos dicho, miedos puede haber muchos, de muchos tipos y a muchas cosas, tan diferentes como las propias personas, y es que en el miedo (como en otras tantas emociones) mostramos una parte de nosotros, especialmente nuestras inseguridades, esa tendencia a creer que no podremos lidiar con eso a lo que le tememos, aumenta la intensidad de miedo que nos hace sentir. Hasta aquí parece que los miedos fuesen algo malo, pero la verdad es que no es así, el miedo tiene una funcionalidad y es preparar nuestro organismo ante un suceso estresante o que sencillamente nos genere malestar. Los miedos están para llamar nuestra atención, distinguir el peligro y prepararnos para “eso” que viene; es una emoción primaria ligada al instinto de supervivencia. Sin embargo, por muchos motivos esta emoción puede distorsionarse o no funcionar adecuadamente, seguramente conocerás a alguien que “le tiene miedo a todo”. Frente al miedo hay dos opciones, por un lado, podemos enfrentarlo o por otro huir o escapar de él. Es por eso una emoción tan necesaria para la supervivencia, porque nos indica a qué podemos hacerle frente y a qué cosas la mejor elección es no enfrentarnos, por ejemplo: podemos enfrentarnos a una separación, aunque nos de miedo la soledad, pero quizás no es tan buena idea enfrentarnos a un Jabalí o animal salvaje. Hay miedos racionales e irracionales, los miedos racionales son aquellos que van dirigidos a elementos que presentan un peligro real para la vida (como el ejemplo del Jabalí) y los irracionales son aquellos basados en una creencia no adecuada de las situaciones y de nosotros mismos (como la creencia que nos vamos a morir si nos dejan). El miedo está muy vinculado a nuestra autoestima y autoconcepto, mientras nos consideremos con pocas capacidades de actuación y que necesitamos siempre del otro, más miedo nos darán las cosas. En efecto, el miedo lo alimentamos constantemente, escapando de él, esperando que otra persona lo resuelva por nosotros, evadiéndolo y con las respectivas frases: “ya lo haré”, “algún día perderé el miedo”, “siempre le he tenido miedo y no puedo evitarlo” y demás excusas y procrastinaciones. El problema con los miedos surge cuando perdemos perspectiva de lo racional y de lo irracional, mientras vivimos aprendemos muchas cosas y entre ellas a qué cosas debemos tenerle miedo y a que otras cosas no. Este aprendizaje si bien está mediado por la experiencia, también puede influir aspectos como la comodidad, un ejemplo de ello sería: “antes no les tenía miedo a las escaleras, pero ahora sí, eso hace que yo no me suba a buscar algo y sea otra persona que lo haga por mí”. Mantener esos miedos irracionales, agrava y mantiene nuestro malestar y hace que no vivamos adecuadamente ni de forma funcional, de hecho, puede traernos consecuencias que seguramente algunas de ellas las estarás viviendo. Te comentaré alguna de ellas: ¿Cómo puede afectar el miedo irracional en tu vida? Nos crea limitaciones que están en nuestras manos solucionarlas Nos crea cierta dependencia de otro que nos ayude, aprendemos a vivir en las sombras de otro. No nos permite manejar adecuadamente nuestras emociones Empezamos a aceptar cosas que no suelen ser beneficiosas, tanto internas como externas (malos tratos, autoestima bajo, un autoconcepto errado, creencias irracionales, imposiciones, etc.) No nos permite ver las cosas de una manera objetiva Nos impide hacer cosas que necesitamos Nos genera un malestar paralizante. Nos limita a tener nuevas experiencias Nos encierra en una burbuja, de la que cada vez se vuelve más difícil salir. Disminuye el desarrollo de nuevas capacidades Por estas razones te invito a descargarte mi guía donde encontraras ejercicios y tips que pueden ayudarte a superar tus miedos y a que leas mi artículo sobre la zona de confort.