Psicóloga Sanitaria, Sexóloga, Terapeuta de Pareja y Familia

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Esa tal Zona de Confort…

La zona de confort es aquel espacio que nos ofrece o nos hace sentir seguros, queridos, comprendidos, que nos genera estabilidad emocional y lo más importante… no implica esfuerzo. Todos tenemos una zona de confort a la cual acudir sobre todo cuando nos encontramos con el ánimo bajo o tenemos sentimientos y emociones negativas. Muchas veces las personas se mantienen dentro de esta zona porque si bien les hace sentir protegidos también permite creer que se tiene el control de las cosas que ahí ocurre y que hay un margen de acción sin necesidad de mayor esfuerzo o improvisación. Como todo exceso es malo, el mantenerse dentro de esta zona constantemente nos hace daño, porque es como si viviéramos en una burbuja muy cómodos pero que en realidad la vida está fuera… Mantenernos dentro de nuestra zona de confort todo el tiempo, nos impide desenvolvernos adecuadamente, enfrentar conflictos y desarrollar medidas resolutivas, al igual que refuerza conductas que podemos estar teniendo que no sean necesariamente adaptativas. Esta zona de confort puede ser un ambiente, una persona, un trabajo… cualquier cosa que consideremos que estando ahí conseguimos calma, paz y satisfacción… sin darnos cuenta de que lo que en realidad produce dependencia. Sí, como lo has leído, podemos crear dependencia al trabajo, y esto se debe a que, aunque no nos guste o no nos cause mayor entusiasmo nuestro trabajo, nos mantenemos en él y evitamos buscar otra cosa por miedo o por comodidad… como dice el dicho: “mejor malo conocido que bueno por conocer”, pues esto aplica perfectamente a esta zona de confort.Sí, como lo has leído, podemos crear dependencia al trabajo, y esto se debe a que, aunque no nos guste o no nos cause mayor entusiasmo nuestro trabajo, nos mantenemos en él y evitamos buscar otra cosa por miedo o por comodidad… como dice el dicho: “mejor malo conocido que bueno por conocer”, pues esto aplica perfectamente a esta zona de confort. En muchos sentidos evitamos el cambio, y es que el cambio nos obliga a movilizarnos, implica esfuerzo, adaptación, desarrollo de ciertas habilidades tanto sociales, de afrontamiento, gestión de las emociones, manejo de la frustración y aprendizaje de cosas nuevas que en la zona de confort realmente no necesitas ni te enfrentas a ellas. Exponernos a cosas nuevas en la vida es lo que nos hace realmente vivir, disfrutar, crear experiencia y conocimiento, además de incrementar nuestro potencial en áreas que ni siquiera nos habíamos imaginado porque ni nos lo habíamos planteado. Salir de nuestra zona de confort nos ayuda a conocer nuestros gustos y disgustos, capacidades, alternativas, descubrir aspectos de nosotros mismos y capacidades. Nos ayuda a reconocernos frente al otro, entendernos a nosotros mismos, quienes somos y qué cosas me hacen ser como soy y diferente al resto. Nos expone un panorama de todo aquello que podemos conseguir si nos proponemos estar más tiempo fuera de nuestra zona de confort. Esto no significa que la zona de confort sea un espacio negativo, todo lo contrario, el problema es que sí es bueno, lo hemos creado nosotros mismos para estar tranquilos, pero como hemos dicho, también tiene aspectos negativos y por supuesto, consecuencias al respecto. Y ahora te pregunto… ¿Cuál es tu zona de confort? ¿Qué haces en ella? ¿Qué te ofrece? ¿Cuánto dependes de tu zona de confort? Si estas preguntas te han puesto a pensar descárgate mi guía donde encontrarás TIPS y ejercicios para salir de esa Zona de Confort.

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¿Qué hay detrás de las lesiones deportivas?

Perspectiva psicológica en las lesiones deportivas ¿Qué hay detrás de las lesiones deportivas? Es muy común que existan lesiones tras la práctica de deportes y estas pueden deberse a muchísimas razones, tanto físicas, situacionales, y propiamente deportivos como no estar en condiciones físicas adecuadas, esfuerzo físico desproporcionado, imprudencias, falta o exceso de entrenamiento, calentamiento o hasta carencia de recursos necesarios para llevar a cabo el deporte (calzado inadecuado, falta de mantenimiento de las instalaciones, etc). pero también hay factores psicológicos que juegan un papel muy importante en las lesiones, no solo pueden anteceder a la lesión, sino que pueden ser consecuentes y hasta funcionar como mantenedores de la propia lesión. Son muchas las situaciones que pueden repercutir en las lesiones de un deportista, entre ellas, la cohesión con el resto de los jugadores del equipo, entendimiento con el entrenador, situaciones adversas de su vida privada, estilo de vida, categoría en la que se encuentre a nivel deportivo, evaluación social, situaciones de riesgo físico, etc. Más allá de sufrir una lesión, dicha parte, aunque esté recuperada por completo, puede presentarse vulnerable ante una nueva posible lesión y es por eso por lo que es tan importante la prevención médica y psicológica para que no vuelva a ocurrir y así evitar las recaídas. Seguramente tendrás algún deporte favorito y por consiguiente un equipo de mayor preferencia, y hasta sabrás de algún jugador o deportista que sea muy reconocido por sus lesiones. Indiferente del deporte que practiquemos, las lesiones y traumatismos están a la orden del día, y en mucho están relacionadas con variables psicológicas que pueden ser en parte, el motivo por el cual nos lesionamos o no nos recuperamos al 100%. Entre estas variables tenemos los miedos, las inseguridades, el estrés, la carencia de estrategias de afrontamiento, pero en general, se ha estudiado en mayor medida, la ansiedad competitiva, la motivación, autoconfianza y estrés psicosocial, las cuales suelen manifestarse en deportes de alto rendimiento y competición. El estrés que puede generar un deporte se puede expresar de distintas maneras, y no solo se presentan en deportes de alta competición o en categorías superiores. Se han visto lesiones recurrentes en niños y niñas en la práctica deportiva. Y como hemos dicho, son muchos los posibles desencadenantes, sin embargo, debemos preguntarnos y sobre todo si son recurrentes las lesiones, ¿qué nos puede estar ocurriendo?, ¿con que peso estamos pudiendo cargar que nos limita desenvolvernos y a trabajar con todos los sentidos?, ¿con qué tipo de pensamientos nos podemos distraer?, etc.   La probabilidad de que se lesione un jugador que tenga problemas personales, inestabilidad emocional, motivación ajena al disfrute del deporte, responsabilidades ajenas al deporte, que mantenga una presión constante en cuanto a su rendimiento, necesidad de aprobación y/o de satisfacer a otro, o que sencillamente no le guste esa actividad, será mucho mayor que las lesiones que se pueden presentar en alguien que lo disfrute y que considere el deporte parte de sí mismo, etc. Tanto las expectativas, como los objetivos y la disciplina son aspectos muy arraigados en el deporte en general, pero lo es más aún en los equipos deportivos, donde las distintas situaciones de exigencias acarrean consecuencias en los jugadores y que pueden manifestarse en las propias lesiones. Dentro del estudio de las lesiones se contemplan en mayor medida rasgos de personalidad, estresores, estilos de afrontamientos e historia de lesiones previas. Una cuestión que puede ser determinante para el afrontamiento de las lesiones es el nivel de optimismo que tenga el deportista y el entendimiento que haga de la propia incidencia, es decir, tendrá mayores posibilidades de recuperarse y en menor tiempo una persona que entienda una lesión como una situación más en su ejercicio y que la transforma en una meta más a conseguir superar, para continuar entrenando y volver lo antes posible a su funcionamiento normal, que una persona que se enfoque en la transformación de ese evento a un obstáculo difícil de superar o que sencillamente focalice su atención en todos los posibles consecuentes negativos que pueden repercutir en la propia persona, como dejar de jugar, dejar de ser de los primeros seleccionados, pensamiento que incluyan distintas otras repercusiones como en su sueldo, publicidad, reputación, etc. Adicionalmente, como hemos dicho son muchos los factores que pueden estar interviniendo a la hora de un traumatismo o lesión, la presión psicológica que recibimos del entorno influye significativamente, pero también influye la propia autoexigencia que nos creamos, de hecho pueden generarse pensamientos obsesivos acerca de la consecución de ciertos objetivos en tiempos irreales, provocando una carga de trabajo excesiva y a su vez, restringir o minimizar los períodos de descanso, obteniendo como consecuencia la lesión. Evidentemente el riesgo de determinadas lesiones dependerá del riesgo que se puede correr en los distintos deportes, siendo los deportes recreativos y competitivos los “menos” peligrosos ya que, en su mayoría, se basan es problemas musculares o lesiones de posible recuperación. Sin embargo, hay deportes extremos, de alto riesgo y peligrosos donde las lesiones pueden ser aún más importantes en cuanto a las repercusiones que puede tener para la persona y hasta determinantes para su propia vida. Las emociones que usualmente expresan los jugadores tras una lesión suelen ser la negación, de la propia lesión, ira e impotencia, posteriormente tristeza y en ocasiones, pueden manifestar depresión. Esto conllevará al proceso de aceptación y posterior recuperación. Por otro lado, existen lesiones que son autoinducidas (producida por el propio deportista), las cuales son generadas a partir del agotamiento físico y mental, mala gestión de las demandas externas, internas y el estrés, fluctuaciones del estado de ánimo, influencia de medicamentos, alcohol y una deficiente recuperación de lesiones previas o enfermedades. La relación que existe entre nuestro físico y la mente es sumamente fuerte y en muchas ocasiones el cuerpo manifiesta lo que no podemos describir con palabras. Es por eso que la psicología del deporte se encarga no solo de la atención y seguimiento en estos casos, en cuanto a intervención si es necesario, sino también

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Estigmas Sexuales

¿Qué sabemos de los estigmas sexuales? Son muchos los estigmas y discriminaciones que socialmente se establecen para categorizar, minimizar y por supuesto etiquetar, y el sexo ni por lejos está exento de ello, de hecho, parece ser uno de los asuntos más estigmatizados, no solo hoy, esto ocurre desde los inicios de la historia con la falsa creencia del orden social. Aún en el siglo XXI el tema sexual sigue siendo tabú en distintas sociedades y en otras un poco más abiertas, no deja de ser complicado aceptar las innumerables diversidades. Socialmente hablando, a nivel sexual, son ciertas conductas las que se ven aceptadas y otras tantas no y por ello la creación de estigmas Entre estas conductas estigmatizadas podemos englobar unas cuantas, y quizás más de una habrás escuchado, un ejemplo de ello es la actitud diferenciada que “se debe mantener” en los distintos géneros. Una vez más, las sociedades y nosotros mismos, carecemos de libertad para poder sentir, pensar y actuar como realmente queramos hacerlo. Empezando por conceptos de roles sexuales, siempre se ha pensado que el hombre es quien suele y hasta debe ser más activo sexualmente, mientras que la mujer debe ser quien complace y está siempre dispuesta. Lo cierto es que, en realidad esto es un poco diferente. Hay hombres que, por supuesto, tienen un amplio e innegable interés hacia lo sexual, pero también hay muchísimas mujeres que lo comparten y hasta lo superan. Si bien cada día se busca poder manifestarse con mayor claridad, aun no parece ser totalmente aceptado que las mujeres expongan de la misma manera que los hombres sus necesidades y gustos, y es ahí cuando encontramos los estigmas, de hecho, hay frases que son muestras de ello: “piensas como hombre”. Dentro de esas conductas aceptadas que mencioné anteriormente, está la facilidad con la que un hombre puede demandar este tipo de relación, y de hecho es hasta de esperar que así sea, mientras que la mujer, para satisfacer sus necesidades, en efecto, debe esperar que el hombre lo haga -porque el autosatisfacerse también está mal visto-. Mientras que lo opuesto estaría etiquetado malamente. ¿Esto crees que debe ser así? Los estigmas sexuales afectan tanto a hombres como a mujeres, y si incluimos a los demás colectivos de diversidad de género, parece que el tema se complica cada vez más. Todas las personas tenemos necesidades sexuales, el género con el que te identifiques y el sexo que tengas, eso es indiferente. Al igual que se considera “normal” que una mujer no tenga ganas de llevar a cabo un acto sexual (cosa que no es tan normal), es posible aceptar que un hombre no tenga ganas en un momento dado y que sea su pareja femenina quien le demande mayormente dicha actividad. De igual manera es totalmente normal que sea un hombre sensible y la mujer más racional; el hombre que es sensible no deja de ser hombre, por tanto, una mujer que sea muy activa y demandante sexualmente, no deja de ser mujer. Parece que hoy en día esta temática está aún muy presente y arraigada en nuestra cultura, como si se tratara de un patrón irrompible e inquebrantable. Si sabemos que fisiológicamente tenemos necesidades sexuales, ¿Por qué se debe etiquetar a quien lo manifieste o como éste se exprese? Si eres hombre, “debes” ser sexualmente muy activo, de lo contrario, ¿qué pasaría? Lo mismo ocurre con las mujeres, ¿qué pasaría si eres una mujer sexualmente muy activa? Es de reflexionar que este tipo de represión hacia lo interno no solo produce rechazo al otro, sino rechazo a uno mismo y por ende un malestar con el cual, solo cargamos nosotros. ¿Y es que acaso tenemos que ser todos iguales?

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¿Has escuchado sobre la Psicología Perinatal?

La Psicología Perinatal es la rama de la psicología que se encarga de cuidar y acompañar en las necesidades afectivas y emocionales, tanto a las madres como a los padres durante la concepción, el embarazo, parto, post parto y en los primeros meses de vida del/a bebé. El objetivo que tiene esta área de la psicología es ayudar a quienes se convertirán en padres, en todo el proceso que representa su adaptación a este nuevo rol y en las diferentes situaciones que se puedan presentar en el trayecto, así como ofrecer recursos psicológicos que puedan ser necesarios para superar dificultades y mejorar el bienestar. Traer un bebé a nuestras vidas significa muchas cosas y podrían englobarse bajo la palabra “Cambios”. Estos cambios suceden para ambos padres, sobre todo, para la mujer representa cambios hormonales, éstos a su vez se manifiestan en mayor o menor medida, en actitudes, comportamientos, fluctuaciones en el estado anímico, gustos y quizás, los cambios menos evidentes, se encuentran en el pensamiento. Para ambos padres, este período que da paso a una nueva vida representa una crisis, y es llamado de esta forma, por las repercusiones que tiene. A nivel emocional para ambos, hay altos y bajos que dependiendo de los casos pueden ser más notorio en la mujer y en otros, aunque no lo parezca, en el hombre. Este camino, que es todo un reto, inicia con el planteamiento de tener un/a bebé, le sigue la incertidumbre y, por tanto, pensamientos correspondientes: “si haremos las cosas bien”, “si seremos buenos padres”, “si vendrá sano/a”, y hasta se podría pensar si se está realmente preparado para ello, entre muchos otros pensamientos. Posteriormente, la concepción, donde durante la gestación la madre puede empezar a tener un contacto con el/la bebé y crear un vínculo El padre, no lo tiene tan fácil, la creación del vínculo afectivo con el/la pequeña es diferente, inicialmente se puede crear un vínculo con “una idea”, el padre no le ve, él observa el cuerpo de su pareja, que de hecho puede no haber cambiado de forma todavía, se lo puede imaginar más no es totalmente real para él, es apenas pasados unos meses que le puede sentir, y es ahí cuando las cosas empiezan a cambiar. El mundo cambia por completo durante y tras esta vivencia y es por eso que, la psicología perinatal ofrece herramientas para el desarrollo adecuado de vínculos afectivos, especialmente entre la madre y el/la bebé, apoyo en la gestión emocional y ofrece una perspectiva psicosocial de la familia y su entorno, siendo estas situaciones normales parte de otras muchas que pueden surgir a lo largo del proceso. Si bien la psicología perinatal, suele actuar en mayor medida en casos donde es necesario la interrupción del embarazo o frente a complicaciones con el/la recién nacido/a, su labor también se encuentra en ser soporte para la familia sin llegar a tener escenarios como estos. Existen numerosas las circunstancias que pueden presentarse a lo largo de todo este proceso y de las cuales se encarga la psicología perinatal, como lo son los temores, dificultades para concebir, experiencias traumáticas durante la gestación hasta el postparto, rechazo del bebé, control de las emociones y expectativas, depresión y ansiedad -que se pueden manifestar en cualquier momento y en especial en el postparto-, deficiencia en la adaptación al nuevo rol, entre muchas otras. Por otro lado, si las situaciones difíciles empeoran y la concepción del bebe por medios naturales es limitada o, sencillamente la decisión ha sido otra y se contempla la adopción como la mejor opción. Tanto para la adopción como para los distintos tratamientos para concebir, se puede y debe acudir, en los casos que así lo requieran, a la psicología perinatal ya que, con más razón será de gran ayuda para la adopción del rol y hacerle frente a este gran cambio en tu vida, es por eso que, está orientada a la protección de la salud mental de todo el núcleo familiar.

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¿Cómo encontrar La Motivación día a día?

¿Qué es la Motivación? Seguramente habrás escuchado expresiones referentes a la motivación, pero ¿realmente sabes lo que es? La motivación es el proceso psicológico que activa y mantiene la conducta hasta llegar al objetivo, es aquello que nos orienta hacia la meta, la fuerza o energía que nos lleva a comportarnos como lo hacemos o a emitir determinadas conductas para lograr algo o, por el contrario, nos hace detenernos. Este proceso se retroalimenta con la emoción, ya que una conducta motivada produce reacciones emocionales, favoreciéndolas y regulándolas, y a su vez, la emoción facilita la conducta motivada. Usualmente cuando se habla de motivación se hace refiere al logro o poder, que en efecto son factores motivacionales pero secundarios… Hay muchísimos factores que pueden servir como motivaciones, por ejemplo, una recompensa y ésta puede ser intrínseca, es decir, interna de la propia persona o extrínseca, ajeno a esta. Dentro de los factores motivacionales intrínsecos podemos señalar las fisiológicas, como el comer o el hidratarnos y en cuanto al crecimiento personal, como lo es alcanzar un potencial psicológico y emocional, mejorar nuestras capacidades, hacer ejercicio para mejorar nuestra salud y apariencia; e incluso el desarrollo de planes y metas. Por otro lado, está la motivación por factores sociales, por ejemplo, el reconocimiento de las demás personas, premios, dinero y hasta para conseguir afecto o aprobación de nuestro entorno, grupo de amigos y familiares, y es que hasta evitar el fracaso puede ser una fuente motivacional. Parece que mientras más motivados nos encontremos, mejor haremos el trabajo y mayor será la recompensa, de hecho, esta es una visión sumamente empresarial para mantener un buen funcionamiento de los equipos. Sin embargo, esto también sirve a nivel personal, ofreciéndonos a nosotros mismos, no solo crecimiento sino bienestar emocional. El valor que le otorguemos a aquello que deseamos conseguir y a nuestras expectativas sobre eso, es lo que determinara la intensidad de la motivación y el mantenimiento de la conducta. Es por esta razón que, aunque nos podamos encontrar en un momento donde no tengamos alguna meta definida, no hay de qué preocuparse, se puede ir encontrando a medida que vamos viviendo, creciendo y conociendo nuevas cosas y sobre todo a nosotros mismos. Como has podido ver, la motivación se encuentra hasta en las pequeñas cosas que hacemos día a día, desde el abrir la ventana por las mañanas, hasta leer este artículo. Esto no quiere decir que sea recomendable estar sin metas, esto quiere decir que es sano brindarnos nuestro propio espacio para definir eso que queremos alcanzar y preparar el plan de acción. La pérdida de motivación puede estar influenciada por nuevas situaciones que nos pueden generar miedo, incertidumbre, que nos haga sentir que no la sabremos manejar o cuando encontramos obstáculos que no sabemos cómo superar. Una de las principales razones por las cuales las personas buscan asesoramiento es por la falta de motivación que presentan y la falta de herramientas para conseguir o detectar esos factores motivacionales. ¿Cómo saber si estoy desmotivado?   Si no tengo un plan elaborado para conseguir una meta Si siento que no me gusta nada Si haga lo que haga, me aburro Si pongo excusas para no hacer las cosas Si creo que no tengo razones para hacer cosas diferentes o cambiar Si tu primer pensamiento es negativo y/o de fracaso

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¿Cómo puedo disminuir la Ansiedad?

SOLUCIONES PARA DISMINUIR LA ANSIEDAD -GUÍA DESCARGABLE- ¿Qué es la ansiedad? Es un trastorno psicológico caracterizado por miedo y preocupación intensa ante distintas situaciones. Esto hace que la persona se mantenga con un estado de alerta perenne, esperando desgracias que usualmente no ocurren. La ansiedad, es uno de los trastornos más diagnosticados a nivel mundial, ya que genera un importante malestar influyendo negativamente sobre la vida diaria de la persona, logrando que esta adopte patrones comportamentales disfuncionales, inadecuados y exagerados ante los eventos que puedan interpretar como peligrosos. La ansiedad causa a su vez, sintomatología física y es esta que las personas suelen acudir a su médico de cabecera. Lo síntomas más comunes son: Dolores de cabeza Tensión muscular Alteración del patrón alimenticio Alteración del sueño Problemas gastrointestinales Hiperventilación

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DESCUBRIENDO LA ANSIEDAD

¿Te has sentido en ocasiones agitado, sumamente alerta, con variaciones en la respiración, problemas para conciliar el sueño, sientes que tu cabeza va más rápido que tu cuerpo y que no sabes cómo controlarlo? ¡Pues te invito a leer este artículo!   Cuando percibimos una situación como amenazante, nuestro organismo se prepara para confrontarlo, y esta respuesta de activación es completamente adaptativa. Sin embargo, lo que ocurre con la ansiedad, es que solemos percibir cualquier situación como amenazante, aunque no lo sea, existe un error en la percepción y entendimiento de la información del medio que nos rodea. Por esta razón, la ansiedad es un trastorno mental, compuesto por una serie de sintomatologías que generan malestar, como lo es la distorsión en el pensamiento y en habilidades cognitivas -la memoria, la atención, etc.-, en el funcionamiento de las personas (cambios conductuales) y a nivel psicofisiológico, es decir, interfieren en nuestro día a día. La ansiedad puede verse manifestada frente a distintos ámbitos, como el familiar, laboral y social. Sin embargo, hay que destacar lo influyente que es el entorno laboral en el desarrollo de la ansiedad. Actualmente vivimos en un mundo sumamente competitivo, donde continuamente nos demandan cada vez más, debemos atender muchísimos estímulos a la vez y poder satisfacer nuestras necesidades como las del otro. Esto conlleva a que nuestro organismo empiece a colapsar, dado que es inviable mantenernos alerta todo el tiempo y hacer todo esto de una manera perfecta, que es lo que realmente se espera de nosotros. Si bien el lidiar con el trabajo, la familia y los amigos, no es una situación novedosa, lo que más carga genera es la sobre estimulación que tenemos constantemente. Recibimos información continuamente de muchas cosas y muchas fuentes diferentes, y nos exigimos estar al corriente de todo. Para esto, somos capaces de revisar nuestras redes sociales las veces que haga falta para sentirnos actualizados, informarnos de todas las noticias sobre cualquier temática que nos resulte interesante, y esto lo hacemos por supuesto, sustituyendo el tiempo que nos podemos dedicar para relajarnos, por ejemplo, dar paseos que nos permitan desconectar de nuestras labores diarias, hacer yoga o alguna actividad física para bajar los niveles de activación o a través de las reuniones sociales que podemos establecer; lo que ocurre es que ahora todas estas actividades suelen ir acompañadas del móvil, con lo cual podemos o no interactuar con una persona mientras seguimos actualizándonos en otros contenidos. Lo mismo ocurre a la hora de comer, cenar o hacer cualquier actividad compatible o no con el móvil (porque si no es compatible con el móvil podemos dejar de hacer la actividad para revisarlo). Cada vez hay más personas que presentan este trastorno, y es que el ritmo de vida que llevamos nos sobre exige muchísimo, pero ahora, una pregunta para analizar: ¿Cuánto te exiges tú mismo/a? UNA DE LAS COSAS QUE HAY QUE PENSAR ES, ¿QUÉ PUEDO HACER PARA DEJAR DE SENTIRME TAN ANSIOSA/O? Para empezar, hay que identificar cuáles son las señales de la ansiedad. Hay personas que como comentábamos antes, presentan irregularidades en el sueño, ya sea por la imposibilidad de conciliarlo o por mantenerlo, hay quienes notan sensaciones a nivel estomacal, lo que conocemos como “mariposas en el estómago”, también hay quienes han observado que “necesitan” comer en mayor medida o más veces seguidas, y quienes detectan el aumento de consumo de tabaco o alcohol, entre otra cantidad innumerables de señales. Una vez identificados estos síntomas, podemos modificarlos, es decir, tratar de controlar todas estas sensaciones hasta que sean más adaptativas o que desaparezcan, y esto es, ocupándonos en aquello que nos preocupa, evitar darle largas a eso que nos tiene dándole vueltas a la cabeza, centrándonos en lo que puedo hacer y aceptar lo que no puedo hacer, esto nos permitirá entender que sobre lo que está bajo nuestro control, podemos hacer algo al respecto y sobre lo que no está bajo nuestro control, no vale la pena invertir tiempo. Adicionalmente, realizar actividades de relajación, practicar ejercicios de respiración diafragmática, y si es necesario, dedicarle solo 10 minutos diarios de pensamiento de aquello que nos produce esa ansiedad, una vez agotado ese tiempo, dejamos de pensar en eso para continuar en nuestras distintas labores diarias. Si nuevamente se presenta el pensamiento o la idea, debemos decirnos a nosotros mismos que el tiempo para dedicarle ya ha acabado. Es muy importante mantener un ritmo de actividad física moderado, y con esto nos referimos a practicar algún deporte al menos 3 veces por semana, esto nos permite segregar endorfinas y nivelar nuestro estado de ánimo, a la vez que, mientras hacemos ejercicio no podemos pensar, y por supuesto, dejamos de sentir ansiedad, claro está lo necesario que es para mantenemos en forma. En caso de que creas tener síntomas de ansiedad, no dudes en contactarme, estoy aquí para tí.   Laura Castellano Genovés. Psicóloga. Art Credits Person vector created by pikisuperstar – www.freepik.com